Los necesarios principios señeros

México fue ubicado en el lugar 79 de 99 países por su deficiente Estado de derecho, de acuerdo con varios criterios...

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Juan José Rodríguez Prats 24/04/2014 00:47
Los necesarios principios señeros

La lira, que consagra al hombre y así le da un puesto en el cosmos; el arco, que lo dispara más allá de sí mismo.

                Octavio Paz

 

Sin un ordenamiento jurídico respetado y respetable no hay democracia ni economía de mercado. Ya entrados en gastos, siguiendo al más connotado jurista del siglo XX, Hans Kelsen, tampoco hay Estado.

El derecho nos define y nos proyecta. ¿Cómo se conforma un sistema jurídico consistente y digno de la obediencia de un pueblo? Inicia con un documento fundacional que fije los principios de los que se desprenden las leyes, empezando por la Constitución.

¿Cuál es nuestro documento fundacional? La Constitución de Cádiz, aprobada por los representantes de los países americanos en 1812 y restituida en 1820, detona la rebelión al no tener el virrey más alternativa que jurar la Constitución. Matías de Monteagudo, sacerdote y abogado del que se habla poco, fue el autor de la conspiración que culminó con la Independencia. Hay indicios de que él recomienda a Agustín de Iturbide como jefe de los Ejércitos del Sur. Por lo tanto, ese documento liberal no puede ser considerado como fundacional. Tampoco las proclamas de Hidalgo y de Morelos ni la Constitución de Apatzingán. Los Tratados de Córdoba se remiten a la Independencia de la Nueva España, el Plan de Iguala y el Acta elaborada por Juan José Espinosa de los Monteros son documentos de una gran pobreza doctrinaria. La Constitución de 1824, como bien la definió Lorenzo de Zavala, es una imitación de una mala traducción de la de Estados Unidos.

El documento más doctrinario fue elaborado por una generación brillante que tenía una idea clara de qué hacer desde el poder: la generación liberal en el Congreso de 1856-57. La mayoría de sus 155 legisladores eran juristas y hombres de letras. Once mil palabras con normas jurídicas claras y contundentes. Conforme a este documento se sienten impotentes para gobernar Ignacio Comonfort, Benito Juárez y Sebastián Lerdo de Tejada, incluso propicia una guerra civil. El Porfiriato fue un simulacro de Estado de derecho y el Constituyente de 1917 una explosión de ideas contradictorias y una simulada satisfacción de reclamos populares.

De entonces a la fecha hemos deambulado sin una clara concepción de cómo debe ser el Estado mexicano. A partir de 1982 vino una auténtica diarrea legislativa que concibió un derecho ambiguo y contradictorio. Las últimas iniciativas aprobadas y las que se están cocinando en ambas Cámaras, desde mi punto de vista, continúan generando malas leyes en un momento crucial en la historia de México.

Aunque parezca de Perogrullo, una constitución es una ley que contiene normas específicas y señala sanciones, no es un conjunto de proclamas ni de normas imperfectas que no contengan sanciones. Se pudo haber hecho una Reforma Educativa sin necesidad de modificar la Constitución. Ahora resulta que las modificaciones a las leyes de varias entidades federativas contradicen ostentosa o sutilmente lo prescrito en la Constitución en esta materia. Las leyes secundarias relativas a las telecomunicaciones distorsionan y contradicen la reforma constitucional. La reforma político-electoral contiene una serie de intenciones frustradas con la ilusa idea de modificar la cultura política a base de leyes. En resumen, estamos haciendo un mamotreto de ordenamientos jurídicos que, más que orientar a la nación, nos confunde y distorsiona cuando debiera prevalecer algo claro, coherente y accesible.

Recientemente, México fue ubicado en el lugar 79 de 99 países por su deficiente Estado de derecho, de acuerdo con varios criterios. Para mejorar la calidad de nuestras leyes, debemos partir de un decálogo elemental al cual se sujete todo nuestro sistema jurídico. Si los mexicanos no sabemos con claridad a qué atenernos, difícil será mejorar nuestro ya deteriorado Estado de derecho.

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