La corrupción en el PAN

Gustavo Madero, en un patético discurso, se interrogaba el sábado sobre cómo hacer el bien en política.

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Juan José Rodríguez Prats 23/01/2014 01:36
La corrupción en el PAN

Una tragedia es la lucha del hombre contra un destino fatal.

Y el drama es la lucha de las imbecilidades de los hombres entre sí.

                Noel Clarasó

 

Cuando la vergüenza se pierde, la deshonestidad asienta sus reales. Lo demás es historia sabida. Grave calificativo a un hombre público es el de desvergonzado. Si no hay una reacción en defensa de la autoestima y la dignidad —eso es la vergüenza—, se cae en un desconcierto total, lo peor que le puede suceder a quien aspire a ser líder.

El PAN se creó con un principio elemental: la vinculación de la política y la ética. Eso nos conduce a un deber fundamental: reconocer las verdades de los hechos y las verdades de la razón. 

La corrupción ha penetrado hasta la médula del PAN. Ha sido consentida, propiciada y solapada por su dirigente nacional, quien: no cuestionó el depósito de 16 millones de pesos que el actual coordinador de los senadores hizo a sus colegas, si bien algunos devolvieron los fondos y otros documentaron su uso; no reprendió a los diputados locales de Michoacán, quienes aceptaron, con excepción del diputado Francisco Morelos Borja, haber recibido apoyos económicos del gobernador Leonel Godoy, a cambio de aprobar sus cuentas públicas y presupuestos; ignorando todos los ordenamientos internos, designó a un candidato al gobierno del Estado de Chiapas, señalado por haber desviado recursos públicos; la verdad racional se manifestó en la declaración del presidente municipal de Celaya por haber sido sujeto de una extorsión.

Gustavo Madero, en un patético discurso, se interrogaba el sábado sobre cómo hacer el bien en política. Es de elemental lógica afirmar que lo primero es querer hacerlo, lo cual, en simples palabras, significa vincular la voluntad con el bien. En la sesión del Consejo se expusieron los argumentos y contra argumentos presentes en los debates de todos los partidos políticos, ante la comisión de actos ilícitos. Enumero siete de ellos:

1. Proteger al partido. Es preciso cuidar que la ciudadanía no nos condene y la mejor forma es evitar el escándalo. Tal parece que lo escandaloso es que el escándalo no nos escandalice (perdón por la redundancia). Proteger delincuentes no contribuye a ganar la confianza ciudadana. En el pecado se lleva la penitencia.

2.  No hacer el juego a los medios. Un partido político no puede, a estas alturas, dudar entre qué es privado y qué es público.

3.  La ropa sucia se lava en casa. Esto operó cuando el partido actuaba bajo la amenaza gubernamental o bien en asuntos de familia. Lo público debe ser ventilado públicamente.

4. No dividir al partido. Este razonamiento ha conducido a una enorme alianza de complicidades, “que nadie tire la primera piedra, pues todos estamos embarrados”.

5. Presentar las denuncias ante las autoridades competentes. Sabido es lo difícil, por no decir imposible, que resulta la comprobación de estos actos ante instancias cuyo desprestigio es notable.

6. Presentar una iniciativa de ley. Muchos de los delitos denunciados están tipificados en nuestro marco legal.

7. Nosotros no somos la Santa Inquisición. Es decir, seamos indiferentes ante la corrupción.

El PAN se formó con ciudadanos que no vivían de la política, asumían su participación como el ejercicio de un deber y evidenciaron falta de habilidades políticas y de profesionalismo, al arribar al poder. De ahí vino una natural contaminación. En la política, como en la economía, la moneda mala desplaza a la buena y aquellas buenas conciencias se fueron marginando. Esto se repitió en lo nacional y en lo local, por eso hoy se cierne la mayor amenaza en la historia del PAN. Si no corrige el rumbo evitando inclusive intervenciones ajenas en su proceso interno, no recuperará su identidad y, por lo tanto, la confianza ciudadana. Ese es su reto.

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