Pascuas
Semana de reflexión es ésta, después de la Santa. Pascua significa “paso” en latín y en hebreo, es decir, el paso de la esclavitud a la libertad de las personas. El papa Francisco, en su mensaje del Sábado de Gloria, mencionó: “Ser feliz no es tener un cielo sin tempestades, camino sin accidentes, trabajos sin cansancio, relaciones sin decepciones, tener defectos, estar ansiosos y algunas veces irritados, pero no olvidemos que la vida es nuestra mayor empresa del mundo, sólo uno puede evitar que vaya en decadencia”.
¿Pensarán así los millones de sirios que viven en las persecuciones por ser cristianos? ¿O las familias de las miles de víctimas de tantos atentados terroristas en el mundo? ¿Por qué los líderes de Rusia, China, EU, Francia, Reino Unido, integrantes del Consejo de Seguridad de la ONU, no olvidan su soberbia y delirios de supremacía y evitan lo que pareciera ser preludios de la tercera guerra mundial?
Semanas de contrastes la Santa y la de Pascua, pues aquí en nuestro país, mientras la mayoría de la gente descansa en los destinos vacacionales, dos noticias han estado en la mente de todos los mexicanos, las detenciones de Tomás Yarrington y Javier Duarte, exgobernadores de Tamaulipas y Veracruz, respectivamente. Ambos, hechura de sus exjefes Manuel Cavazos Lerma y Fidel Herrera Beltrán. La pregunta es, ¿qué le pasó a esta generación de seudopolíticos que salió desmesuradamente ladrona? No son como el alcalde ranchero de Nayarit que confesó “que roba, pero sólo poquito”. Claro que se debe castigar el hurto, sea un peso o miles de millones de pesos. El pecado es el mismo, trámites de extradición de ambos adalides de la corrupción para ser juzgados por nuestros tribunales, mientras tanto los ministerios públicos federales que llevan estos casos deben con pulcritud y esmero cuidar el debido proceso. Bien por el presidente Peña Nieto y el procurador Raúl Cervantes, a quienes no debe regateárseles su deseo de abatir impunidad traducida en corrupción.
En redes sociales se especula que su detención fue pactada, pues las sonrisas mostradas por Duarte al ser detenido dieron la impresión de mostrar que no será juzgado ni castigado por sus fechorías. Estudiosos de la criminología afirman que sus muecas y expresiones son reflejos de incertidumbre y cruce de una frontera irreal que produce que los músculos de la cara no puedan ser controlados. “Perdió el sentido de la realidad”, “es el resultado del miedo”, comenta un experto en detenciones de delincuentes de alta peligrosidad, “la Barbie también sonreía”.
Por lo pronto, los senadores de la República tienen que elegir al fiscal especializado en materia de delitos relacionados con hechos de corrupción. El Comité de Acompañamiento Ciudadano (CAC), integrado por Silvia Inclán, Ricardo Jiménez, Issa Luna, Fernando Nieto, Luis Carlos Ugalde y el que esto escribe, entregó una comunicación a la Junta de Coordinación Política (JUCOPA) del Senado para manifestar nuestra más profunda preocupación por la demora en la designación de su Titular, pues no existe ninguna justificación técnica o política para aplazar su nombramiento. Este proceso se ha postergado más de dos años. Recientemente, el CAC participó en las comparecencias de los 23 candidatos inscritos, entregando a los presidentes de las comisiones de Justicia, Anticorrupción y de la propia JUCOPA los resultados de las evaluaciones. El Comité Coordinador del Sistema Nacional Anticorrupción (SNA) se instaló el pasado 4 de abril, sin la presencia del fiscal Anticorrupción, único cargo vacante de los siete que lo conforman.
El Estado mexicano tiene un cúmulo de asuntos relevantes de corrupción como los de Yarrington y Duarte, por lo que se impone darle celeridad a la integración de esta importante Fiscalía Anticorrupción, por el daño moral y económico que estos pillos le han hecho a la Nación. Restituirle a la sociedad los daños y perjuicios en los asuntos de la cosa pública, que son patrimonio y propiedad de la Sociedad Nacional, requiere prontitud y transparencia. ¿O acaso los mexicanos estamos condenados a ser un país de corruptos? Tenemos remedio, ¿o no, estimado lector?
