Centenario

Los ánimos intervencionistas ahí están. La tentación se manifiesta a la primera oportunidad. Los apetitos insaciables de Donald Trump resurgen de nuevo, primero al filtrar su deseo de mandar marines a las costas mexicanas y en la entrevista  transmitida por la Cadena Fox esquivó la pregunta sobre si había amenazado al presidente Peña Nieto, con el envío de tropas para combatir al narcotráfico.

En esta entrevista mencionó que “la administración del presidente Peña Nieto le gusta y que él es buen hombre, que tiene problemas en controlar aspectos de nuestro país, como la droga y los cárteles de la droga” (sic) y que su gobierno “está dispuesto a apoyar a México en la lucha antinarco”, sin mencionar cómo. ¿De veras?  Por ello, en el marco de la celebración del centenario de la Constitución Política del país, los Poderes de la Unión hicieron un llamado a la unidad y a la defensa de la soberanía de la Nación.

El presidente Peña Nieto enfatizó que “los sentimientos de frustración, temor e incertidumbre se han extendido y agudizado en todos los continentes, ante un contexto cada vez más volátil y más complejo” y consideró que, como pocas veces en su historia reciente, México está a prueba.

El presidente Trump, montado en la soberbia del poder y su ignorancia supina, no puede dar crédito que un juez le haya frenado su decisión de detener el ingreso de personas a su país, pues la corte de apelaciones rechazó restablecer el decreto antimigratorio. ¿Sabrá que la Constitución de su país surgió con “las Cartas de Libertad” emitidas por las colonias inglesas que consignaban los principios fundamentales de su gobierno y su organización administrativa, transformándose en estados (1776), con constituciones basadas en el principio de la soberanía popular y la división de poderes, culminando con la declaración de la independencia de Estados Unidos y su constitución en 1787? ¿Sabrá Trump que sus ancestros introdujeron el Régimen republicano: democracia expresada a través de su constitución y fundada en el poder constituyente del pueblo soberano, con equilibrio entre los poderes y un gobierno limitado? ¿Sabrá que así surgió el término de “la supremacía de la constitución”, deseada por el pueblo soberano, que ordena y limita los poderes? ¿Sabrá que su constitución contiene “el principio del Control Constitucional”, confiado a los tribunales del Poder Judicial, que tiene la potestad de declarar inválidas decisiones que sean contrarias a su constitución?

Fue Francia, en 1791, quien promulgó la primera Carta Constitucional y que sirvió de prototipo a todas las constituciones que descansan sobre un principio democrático: Cádiz, España (1812), Portugal (1822), Noruega (1814) y Bélgica (1831) tuvieron esta influencia.  La alemana de Weimar (1919) fue el comienzo de las constituciones democráticas del siglo XX, adicionó los principios de inviolabilidad de los derechos fundamentales y el de igualdad, separación y equilibrio entre los poderes, así como la tutela jurisdiccional de los derechos y el método parlamentario para la asunción de las decisiones políticas. En México, nuestra historia constitucional ha sido producto de asonadas traiciones, golpes de Estado, intervenciones extranjeras, luchas por el poder entre liberales y conservadores. Las tres constituciones del país (1824, 1857 y 1917) fueron resultado de movimientos sociales que costaron miles de vidas al país.

En general, las constituciones del siglo XX son democráticas, plurales y no tienen propietario. Es nuestra Constitución el documento jurídico y político más importante del país. En ella están contenidos los principales derechos y obligaciones de los particulares y se precisa la estructura del poder público delimitando sus competencias y responsabilidades. Leyes y tratados deben ser congruentes con lo que establecen, sin contravenida.  Nuestro texto constitucional siempre será el mayor referente que permite, contiene y garantiza nuestras libertades en democracia y al preservar los derechos de los ciudadanos al acatar los límites del poder.

Para finalizar la reflexión: los estadunidenses siempre están ansiosos de intervenir con sus fuerzas represivas, incluido el Ejército, en el territorio nacional para “ayudar a combatir” a la delincuencia organizada; pretextos les sobran. Una larga cadena de dolorosas experiencias ha cultivado nuestro instinto de conservación frente a nuestros ambiciosos vecinos del norte, y ante las expresiones de Trump, sentimos soplar los aires del intervencionismo.

¿O no, estimado lector?

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