Ilusiones

Es esperanza carente de fundamento y alegría que produce la realización de algo que se desea. Así, en el Mundial del Futbol los holandeses nos eliminaron (justa o injustamente) de la posibilidad de pasar a cuartos de final para siquiera tener la ilusión de algún día ser campeones mundiales

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Juan Carlos Sánchez Magallán 02/07/2014 02:33
Ilusiones

Ilusión es la falsa percepción de una idea causada por una errónea interpretación de las sensaciones. Es esperanza carente de fundamento y alegría que produce la realización de algo que se desea. Así, en el Mundial del Futbol los holandeses nos eliminaron (justa o injustamente) de la posibilidad de pasar a cuartos de final para siquiera tener la ilusión de algún día ser campeones mundiales.

A saber, los españoles campeones en 2010, Italia e Inglaterra por mencionar algunos, fueron despachados a sus lugares de origen. México no tenía por qué ser la excepción. Si difícilmente calificamos para esta competición brasileña.

Debemos estar orgullosos del esfuerzo realizado por la escuadra mexicana que olvidó los individualismos y se metió a trabajar en equipo, probablemente gracias al trabajo de su entrenador técnico El Piojo Herrera, así, “El Milagro Mexicano” no se realizó.

Los mexicanos somos amantes del futbol, desde niños aprendimos a jugar siempre con un balón, ya sea en la escuela, el llano, la calle o cualquier lugar. Siempre hemos desarrollado el deseo de ser jugadores de un equipo de futbol, por supuesto, ganador. De ahí nuestra ilusión histórica de ser triunfadores en los torneos mundiales organizados por la FIFA cada cuatro años. La historia registra que las competiciones deportivas las impulsaron los griegos, los Juegos Olímpicos, y el objetivo fue hermanar a los individuos y sus pueblos evitando las diferencias de raza, credo, color e ideología. Los romanos pervirtieron estas celebraciones convirtiéndolas en “pan y circo” para el pueblo. Lo cierto es que estos eventos deben ser para unir al mundo, a sus países, a sus razas y pueblos, por encima de los intereses predominantes de sus gobiernos, de sus ideologías políticas, religiosas o económicas y de los poderes fácticos.

El asunto es que la gente se alegra si ganan sus equipos, incluso al borde del delirio colectivo. Lo contrario, el fracaso, es la parte dolorosa. Por ello, la derrota no tiene progenitores y el éxito tiene muchos papás y mamás (los entrenadores, los dueños del capital que subvencionan, las empresas patrocinadoras, los políticos, la afición emotiva y apasionada desbordada en celebraciones y festejos etílicos). Competidores ligados al poder y el sinónimo es jugar, celebrar, alegrarse o sufrir. ¿Cuántas aflicciones producen a sus protagonistas y a sus países? Los pueblos lloran, se deprimen y caen en el hundimiento moral y, si no, revisemos acontecimientos de la historia. Hitler, en 1942, fusiló a muchos deportistas que no fueron triunfadores… Mussolini, en 1938, los amenazó en caso de no ganar… Los suicidios de El Maracanazo en Brasil de 1950. ¿Y las intervenciones del narco asesinando jugadores, como sucedió en 1994 por el autogol de Escobar, del equipo de Colombia? ¿Y qué decir de la corrupción que existe en la FIFA, la intervención de gobiernos para ser sedes deportivas? ¿Y el mercado de las apuestas internacionales? Juego de bolsa donde millones de personas pierden su precario patrimonio. México no llegó una vez más y muchos mexicanos fueron defraudados por abusivos prestadores de servicios turísticos a los que Lorena Martínez, procuradora federal del Consumidor, les tiene reservadas multas aleccionadoras.

Vivimos momentos de ensueño, esperanza y expectación, la realidad nos despertó… “Jugamos como nunca y perdimos como siempre”. ¿O no, estimado lector?

*Presidente del Congreso Nacional de la Abogacía

juancarlossanchezmagallan@gmail.com

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