Convocatorias

Antonio Chedraoui llegó a México sin conocer el idioma, la geografía y su gente, a un país que no tenía amistad con el clero ni con la Iglesia en general. Su coraje, audacia y fe en busca del camino del derecho y la verdad han provocado el respeto, reconocimiento y aprecio de sus amigos y hasta de sus adversarios.

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Juan Carlos Sánchez Magallán 12/02/2014 01:59
Convocatorias

A mi hijo Juan Carlos en su 2° año de haber partido.

 

Existen hombres excepcionales en la vida que gozan de muchas virtudes; pero pocos tienen la posibilidad de convocar a una gran multiplicidad de personalidades del más alto relieve de la vida política, académica, empresarial o bien religiosa del país. Uno con vida es el arzobispo Antonio Chedraoui Tannous quien, como todos los años, al cumplir 82 años de vida, reunió a dos mil invitados con estas características en su celebración. Originario del Oriente Medio, Antonio Chedraoui, de origen humilde, llegó a México hace 48 años sin hablar español, fue el primer obispo de la Iglesia católica apostólica ortodoxa de Antioquía en residir en México. Llegó sin conocer el idioma, la geografía y su gente, a un país que no tenía amistad con el clero ni con la Iglesia en general. Su coraje, audacia y fe en busca del camino del derecho y la verdad han provocado el respeto, reconocimiento y aprecio de sus amigos y hasta de sus adversarios.

Don Antonio ha hecho de su labor pastoral una consagración al servicio de México. “Sayedna”, expresión de respeto a un líder moral y religioso, ha prodigado con su labor en el país “el Evangelio de la amistad”, mencionó Luis Maldonado Venegas, presidente de la Academia Nacional de Historia y Geografía, quien patrocinó la edición de un libro que contiene su biografía.

Hombre culto, educado y de carácter, es considerado uno de los líderes más poderosos de las comunidades libanesas y árabes en México y América Latina. Mexicano por adopción, se distingue por su laicismo y por su extraordinaria conciliación de su fe cristiana unida a su fe juarista, elevando al más alto nivel de culto ambas figuras. Ser laico no es ser ateo y, si no, revisen a los presidentes de la República que reciben a los jefes de Estado, los invitan a dar misas en Los Pinos o van a Roma a saludarlos.

Más mexicano que el pulque, regañón como se autodefine, ha construido catedrales y asilos. Su mérito excepcional es su capacidad de interlocución con todas las fuerzas y actores del México actual y diverso. De ahí que Eruviel Ávila, gobernador del Estado de México, mencionara que “hay que unirse, no para estar juntos, sino para hacer algo juntos”, citando al filósofo y diplomático español Juan Donoso Cortés.

Otro hombre de excepción, don Pedro Ojeda Paullada, con motivo de su primer aniversario luctuoso, logró una espléndida convocatoria de políticos y empresarios de seis décadas, invitados por doña Olga Cárdenas y familia, se realizó un evento en la Fundación Miguel Alemán. César Camacho, Miguel Alemán Velasco, Luis Maldonado Venegas, Julio Millán y Luis Martínez presentaron un libro bajo su patrocinio de la vida y obra del licenciado Ojeda Paullada. Su familia (doña Olga y sus hijos Olga, Pedro, Elsa, Lucía y Pablo) solicitó testimonios y ensayos a 136 personalidades de la vida nacional. El libro, con 80 testimonios, fue prologado por el presidente Enrique Peña Nieto, destacando su desempeño en la administración pública federal y en la política.  

Abogado, líder y académico universitario, “Pedro Ojeda unió muchas generaciones de mexicanos, construyó sólidas y perdurables amistades, destacó siempre por su trato amable y su excelente sentido del humor”, concluyó Peña Nieto.

La pregunta es… ¿Cuántos políticos actuales en vida podrían lograr esto?  Don Pedro lo sigue haciendo… ¿O no, estimado lector?

                *Abogado y político

                jcsanchezmagallan@hotmail.com

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