Pemex

Lázaro Cárdenas salvó el desprestigio de varias décadas de México al no honrar sus inversiones y el crédito público.

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Juan Carlos Sánchez Magallán 04/12/2013 04:14
Pemex

México vive un episodio complicado de su historia, instituciones que estuvieron a su servicio, hoy son anclas y lastre de su desarrollo.  Desde los años 60 nos volvimos laboratorio del coloso del norte, imponiendo su modelo

económico–monetario haciendo anhelar a todo político el pasar por las aulas de sus universidades, haciéndoles el favor de ser “aceptados”, premiándolos por olvidar raíces históricas y el desprecio de instituciones de nuestro país.

Pemex surgió de una expropiación por causas de utilidad pública, producto de la negativa de “anticipar regalías sobre las utilidades de la explotación petrolera”, de parte de las empresas.  Lázaro Cárdenas salvó el desprestigio de varias décadas de México al no honrar sus inversiones y el crédito público nacional, no había bonos e instrumentos de deuda en el mercado nacional e internacional para financiar su proyecto presidencial.

Los primeros años se dieron con un organismo híbrido, se constituyó una empresa para asumir el abultado pasivo y transfiriendo a otra, la obligación de indemnizar a los afectados con la simpatía del vecino del norte al quitarle el negocio a las empresas europeas en provecho de las americanas.  López Mateos impulsó una reforma en materia de contratos, diseñados a modo de los intereses de EU, fuente sustantiva de los ingresos.

Así, durante décadas su andamiaje jurídico fue inexistente con reglas de operación deficientes, provocando una administradora de contratos para abrir nuevos mercados en los 70.

Puntal de finanzas se empezó a dar en los 80 su consolidación; tropiezos de sus tecnócratas fijaron precios a capricho alterando la demanda y penetración del crudo ocasionando quebrantos públicos y motivando una masiva salida de capitales del país provocando la expropiación bancaria.  Crisis recurrentes con estancamiento indefinido. Es la tecnocracia con su especulación financiera: maximizar el valor de la empresa para seguir colocando cantidades ilimitadas de endeudamiento perpetuo y el no construir una empresa industrial exitosa,  quebrada por las decisiones cortoplacistas para sufragar el gasto corriente del gobierno federal, son su constante.

Pemex está comprometida; depende del financiamiento, provisto por conducto de entidades, vehículos y canalizadores bajo jurisdicción de Estados Unidos, donde están otras empresas con acceso a la venta de hidrocarburos fuera de las cuentas nacionales y de toda fiscalización.   Empresas que institucionalizan una realidad que no demanda reformas legales  y que hoy, se encuentran en control  de áreas sustanciales de la operación, financiamiento y mantenimiento de la fuente principal de ingresos del país, estando sujetas a leyes y tribunales de su domicilio, fijando precios e indirectamente volúmenes de exportación, ritmos de exploración y tecnología de punta.  ¿Qué decir de servidores públicos que cruzando la frontera ya no responden a las leyes mexicanas y de fallidas operaciones comerciales como la compra de Repsol y los astilleros en España? “Excedentes petroleros”, grotesca figura que pasa por encima de legisladores para canalizar el sobrante de importantes márgenes de ingresos administrados discrecionalmente en fondos por el poder ejecutivo, consecuencia de “fijar responsablemente bajo el precio del petróleo”, evitando la distribución total de los ingresos.  ¿Con la reforma acabará la corrupción de Pemex? La reflexión debe ser profunda. ¿O no, estimado lector?

                *Abogado y político

                jcsanchezmagallan@hotmail.com

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