Quinto año
El momento plantea la necesidad imperiosa de nutrirse de inteligencia. Levantar la mira, revisar quién está fallando y sustituirlos con gente calificada, que abunda en las universidades del país.
Dice el refrán popular: “no hay quinto malo”. Gracias a Don Olegario Vázquez Raña y a su hijo Olegario Vázquez Aldir cumplo cinco años en Excélsior de escribir en sus páginas editoriales, reflexiones, pensamientos y análisis de los asuntos de la agenda pública y de los actores de la escena republicana. Mi agradecimiento por ello, por tolerarme en Excélsior, “El Periódico de la Vida Nacional”. Gracias a todos quienes hacen posible que nuestra casa editorial esté en las preferencias de miles de mexicanos. Cuanto he escrito ha sido respetado en la forma y el fondo. Por respeto al lector, es obligatorio hacer público este compromiso y el escrupuloso respeto editorial. Así se ejerce la libertad de expresión en Excélsior. Así el lector sabe y valora la independencia de las opiniones plasmadas en este diario y la práctica permanente de una ética periodística, poco común en días cuando los intereses creados o divergentes buscan imponer sus criterios sin considerar los daños a la sociedad.
Un año más de registrar los acontecimientos más importantes del país, concluyó el espiado Felipe Calderón ahora metido en la academia estadunidense. Con él finalizó la docena trágica de gobiernos panistas. ¿Resultado? Más desesperanza y una violencia desatada e iracunda por perseguir y enfrentar al crimen y la delincuencia. Soltaron a los demonios. El Ejército fuera de sus cuarteles, haciendo patrullajes en carreteras y calles de ciudades y comunidades. Muertos y desaparecidos por miles. Droga y desempleo hacen víctimas a millones de jóvenes sin alternativas, sin futuro, sin esperanzas. Y todo esto, frente a una economía regresiva, estancada, inflacionaria y sin crecimiento.
El presidente Enrique Peña Nieto, preferido y vencedor en las encuestas “ganó el poder con tirabuzón”. Reformista, ha desplegado sus capacidades para transformar en la ley al país. Sin embargo, en la práctica, el bolsillo de los de a pie no percibe cambios, al contrario, todo cuesta más, la canasta básica de alimentos sube considerablemente. ¿Pretextos? Muchos. Sequía, lluvias, inundaciones, inseguridad, desgracias naturales, comerciantes “acaparadores” sin escrúpulos se aprovechan de los desvalidos, de los “sin techo” y “sin chamba”.
Recordé a José Narro Robles, rector de la UNAM. Hace un año, en el Foro Internacional sobre Energía y Renovación de Políticas Públicas para el Desarrollo Sustentable, reflexionó sobre las grandes catástrofes que el mundo padece por el descongelamiento de los polos, el crecimiento de las aguas del mar, la desertificación de la tierra, terremotos, inundaciones, tsunamis, temblores, sequías y alteraciones del clima en todas sus expresiones. Lo publiqué en Excélsior, y, ¿quién le tomó la palabra? ¿Quién le hizo caso?... ¡Nadie! Ahí están las consecuencias. Seguimos tapando hoyos, producto de la negligencia e ineptitud de nuestros gobernantes. ¿El presidente Peña Nieto querrá seguir así los restantes cinco años de su gobierno? Ordenó fincar responsabilidades civiles y penales a los responsables de tanto latrocinio y corrupción en la construcción de unidades habitacionales, carreteras y puentes vehiculares mal hechos. ¿De veras?
El momento plantea la necesidad imperiosa de nutrirse de inteligencia. Levantar la mira, revisar quién está fallando y sustituirlos con gente calificada, que abunda en las universidades del país. ¿O no, estimado lector?
*Abogado y político
