Locos

¿De qué escribir? Hacerlo sobre el último libro que leí, o el nuevo álbum de mi banda favorita se me hacen temas superfluos en relación con lo que está pasando en mi país. La violencia se ha desatado más que nunca. Algún lector se burlará de mí: “¿Más que ...

¿De qué escribir? Hacerlo sobre el último libro que leí, o el nuevo álbum de mi banda favorita se me hacen temas superfluos en relación con lo que está pasando en mi país. La violencia se ha desatado más que nunca. Algún lector se burlará de mí: “¿Más que nunca? ¡Siempre ha estado igual!”, dirán. Y sí. Miles de mexicanos han vivido más violencia que yo desde hace mucho tiempo, ciudades o barrios en donde esa violencia ya hasta pasó y ahora están más “tranquilos”. Todo es relativo. Pero lo que postean mis amigos en Facebook lo siento demasiado cercano por obvias razones. Y la mayoría de los comentarios apuntan en ese sentido: la violencia está más fuerte que nunca.

¿De qué escribir? Hace unos días relfexionaba sobre el papel de los rockstars en la sociedad. Para muchos yo soy un “rockstar” aunque no quiera asumir ese papel. Pero supongo que no tengo de otra. Se espera de mí que tome partido, que diga cosas importantes, ¿pero les digo una cosa? no siempre fue así. Antes a nadie le importaba lo que yo dijera.

Cuando mi grupo empezaba la gente me consideraba un loco, un estrafalario, un malviviente, un drogadicto. Todavía no era famoso y la gente me señalaba en la calle y se reían de mis largas patillas, de mi forma de vestir. De repente algo cambió y en las entrevistas ya no era un desmadroso, sino que me preguntaban cosas de literatura, de política. Incluso me empezaron a pedir que le diera consejos a los jóvenes, como si yo fuera un modelo a seguir, con una vida intachable moralmente. ¿Quién los entiende?

La historia del rock está conformada así: los rockeros eran unos locos malvivientes hasta que se convirtieron en los verdaderos intelectuales.

Aun así considero que el público divide a los rockstars en dos tipos: los que son unos inútiles drogadictos (A) y los modelos a seguir, role models (B). De estos últimos se espera que salven a la humanidad, que ayuden al mundo, que nos muestren su sabiduría para poder saber qué hacer en la vida. De los otros (A) no se espera nada, sólo que hagan su música y nos diviertan con sus locuras.

A veces unos del tipo A dan muestras de una sabiduría extrema, que incluso ellos no sabían que tenían: en su rebeldía, en su desapego del mundo, encontramos una lección más fructífera que el mejor consejo de vida.

¿De qué escribir? Roger Waters en el concierto del miércoles pasado leyó una carta dirigida a Peña Nieto: “La última vez que toqué aquí en el Foro Sol conocí a unas familias de los jóvenes desaparecidos de México. Sus lágrimas se hicieron mías, pero las lágrimas no traerán de vuelta a sus hijos. Señor Presidente, más de 28 mil hombres, mujeres, niñas y niños han desaparecido. Muchos de ellos durante su mandato, desde el 2012. ¿Dónde están? ¿qué les pasó? El no saber es el castigo más cruel. Recuerde que toda vida es sagrada, no sólo las de sus amigos. Señor Presidente, la gente está lista para un nuevo comienzo. Es hora de derribar el muro de privilegios que divide a los ricos de los pobres, sus políticas han fallado. La guerra no es la solución. Escuche a su gente, señor Presidente. Los ojos del mundo lo están observando”.

Quiero escribir algo que ayude a mi país, dicen que los músicos de rock tenemos poder, pero si lo tenemos es uno muy extraño. Podemos criticar al gobierno, pero no podemos cambiar las cosas, sólo somos músicos, sólo sabemos tocar y cantar. Somos los locos que quieren cambiar al mundo, pero seguramente no sabríamos cómo hacerlo en la práctica. El trabajo no es de un rockstar, es de todos, incluidos los músicos que también son ciudadanos, seres humanos en el mismo planeta y que nos afectan las mismas cosas que la audiencia.

¿De qué escribir? De que tengo fe en que la música cambiará a mi país y al mundo entero. Dicen que no se puede, pero como estoy loco, sigo intentándolo.

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