El juego del hombre

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José Rubinstein 20/06/2014 00:59
El juego del hombre

Lo mejor de la vida son las ilusiones.

Honoré de Balzac

 

La justa deportiva por excelencia es la Copa del Mundo de la FIFA que cada cuatro años congrega a miles de millones de espectadores de todo el orbe –—más de tres mil 600 millones en Brasil 2014— que durante todo un mes siguen el torneo, inmersos en extremas emociones, la alegría del ganador mezclada con el simultáneo drama del perdedor.

En el contexto en que los países sedes se endeudan para cumplir con sus desafiantes compromisos de organización y los turistas futboleros se endrogan para gozosos animar a sus respectivas selecciones, el ganón, para quien la algarabía futbolera se traduce en un pingüe negocio es la FIFA, organismo cuyas reservas patrimoniales alcanzan mil 75 millones de euros, mismas que serán engrosadas sustancialmente al término del Mundial de Brasil. 

A lo largo de la primera fase de la presente Copa en Brasil, hemos constatado que la historia la escriben los árbitros. La misma acción es susceptible de ser sancionada de forma distinta dependiendo del rigor arbitral, incluso varios goles han sido anulados —sólo dos a México frente a Camerún— a pesar de que las instantáneas repeticiones en pantalla confirmaran que los goles fueron válidos. Así como se ha innovado la verificación, mediante veloz sistema de cámaras, si el balón cruza la línea de gol, sería apropiado —como en el futbol americano— poder apoyarse en inmediatos videos para cerciorarse de acciones clave que pueden determinar el resultado del partido.

Lo ocurrido con la selección de España, la primera en ser eliminada del Mundial de Brasil, constituye un inesperado drama. Se reconfirma que el aparentemente invencible de ayer es susceptible a hoy ser inmisericordemente masacrado. Patético momento en que nuestra atónita mirada de asombro registra a la escuadra roja mordiendo el césped del Maracaná. Literalmente culmina el reinado de España, el de su selección de futbol coincidiendo con el de Juan Carlos I.

España no se pudo sustraer al maleficio de los campeones mundiales de futbol. Los ibéricos son los quintos campeones del mundo que no logran superar la primera fase en el siguiente Mundial. Italia, campeona de Alemania 2006 quedó eliminada en Sudáfrica 2010 al empatar con Paraguay y Nueva Zelanda y perder con Eslovaquia. Francia, campeona en 1998 en su propio país, cuatro años después empató con Uruguay y perdió con Senegal y Dinamarca. Brasil, bicampeón en Suecia 1958 y Chile 1962, no clasificó a la segunda ronda de Inglaterra 1966 a causa de Hungría y Portugal. Italia, campeona en 1938 en Francia, sucumbió en Brasil 1950 —por la Segunda Guerra no hubo Copa Mundial en 1942 ni 1946— al ser derrotada, de entrada, por Suecia.

México atraviesa por una etapa de acumulación de frustraciones, incluyendo las deportivas. Nuestra Selección llegó a Brasil de panzazo y milagrosamente, sin embargo, han bastado dos actuaciones; el apurado triunfo contra Camerún, el árbitro, el abanderado y la lluvia y posteriormente el portentoso empate con sabor a triunfo contra Brasil, partido que terminó por congraciar a la afición nacional con su selección. El próximo lunes nos jugamos la sobrevivencia en el Mundial frente a Croacia. Cierto, no es pertinente depositar el destino de todo un país en los botines de 11 jugadores y que el humor dependa del resultado de un juego de pelota, pero este no es momento para reflexiones sociológicas. Imponernos a Croacia significaría un refrescante bálsamo en el ánimo colectivo, señal de que ¡Sí se puede!, actitud extensiva a nuestros otros retos.

Difícil de comprender la trascendencia de vencer en un juego en que 22 jugadores corren detrás de un balón, el juego del hombre.

Nota al margen: Ni modo de suprimir una de nuestras espontáneas y elocuentes expresiones folclóricas, para no ser racistas ni homofóbicos.

                *Analista

                jrubi80@hotmail.com

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