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José Rubinstein 14/02/2014 02:38
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La publicidad a un producto se justifica cuando se desea dar a conocer las propiedades y ventajas del mismo, procurando distinguirlo de la competencia a fin de obtener un mayor posicionamiento del mercado.

La publicidad de empresas u organismos públicos monopólicos, obstinada en persuadir al consumidor a adquirir o contratar su producto o servicio, en la práctica resulta innecesaria. La mejor recomendación en tal situación es ofrecer óptima calidad, precio justo e inobjetable servicio.

Pemex insiste en ser propiedad de todos los mexicanos, a la vez que la CFE se jacta de ser una empresa de clase mundial. Independiente de como se presenten ambos organismos, nosotros, cautivos consumidores, cargamos la gasolina de Pemex y contratamos el consumo de luz con la CFE.

Con motivo de la Reforma Energética no se escatimaron recursos en machacar publicitariamente que con la misma, en adelante pagaremos menos por la luz y el gas. ¿Acaso alguna vez, memorioso lector, ha disminuido el precio de alguno de estos imprescindibles satisfactores? Lo cierto es que para cuando pudiera ser posible cualquier rebaja, la misma inflación sumada a los imponderables de siempre, impedirá cumplir tan aventurada promesa.

¿Cuál es el objetivo de ambas cámaras del Poder Legislativo al publicitar insistentemente lo que ellos suponen hacer y significar? Además, que cursis textos y melosas voces suelen utilizar para recitar cuánto se desviven por nosotros, que son ellos los que hacen que el sol se levante y que no tenemos que preocuparnos porque ellos ven por nosotros —¿serán nuestros lazarillos?—.

En estos tiempos de comunicación avanzada, la opinión pública cuenta con suficiente información, —prescindiendo de spots y slogans— para juzgar la labor de diputados y senadores, juicio en el que por cierto, en términos generales, éstos no quedan del todo bien parados.

Hemos de reconocer que el lema de los diputados “Voluntad y capacidad para generar acuerdos”, ahora sí se ajusta a los hechos. Bien.

Como pasar por alto el comercial relacionado a la Reforma Electoral en el cual los senadores —como kamikazes— se pusieron de pechito: “Llevas mucho tiempo quejándote del excesivo gasto en las campañas políticas y tienes razón. Por eso en el Senado de la República hemos reformado la Constitución para que esos miles de millones de pesos que se gastaban en radio y televisión, ahora beneficien a los sectores más desprotegidos del país. De eso se trata la Reforma Electoral, de ahorrar y aprovechar los tiempos oficiales, como éste que te cuesta a ti. En el Senado de la República vemos por ti”.

La Cámara de Diputados dispone de 11 mil 840 anuncios de 30 segundos, transmitidos en más de mil 230 radiodifusoras y más de 458 televisoras del país. Pues bien, honrando la frase de que todo exceso es mucho, Ricardo Anaya, presidente de la Mesa Directiva de dicha Cámara hizo pública la decisión de únicamente utilizar en la misma los tiempos oficiales de radio y televisión para difundir mensajes útiles a la población, cumpliendo con tres requisitos básicos: contener información no conocida por la ciudadanía, que ésta sea útil y que reporte beneficios concretos. “Los tiempos oficiales son recursos públicos y por lo tanto deben utilizarse en beneficio de la gente”.

A propósito de excesivos gastos publicitarios y promoción personal a costa del erario, cuan obvias son las fotografías a recuadro que en inserciones pagadas aparecen cotidianamente en los principales medios impresos nacionales, exaltando la imagen de determinados gobernadores, principalmente  de Guerrero, Chiapas y Estado de México.

La decisión asumida en la Cámara de Diputados es un paso más para utilizar de modo más racional los recursos del Estado y los tiempos oficiales.

La mejor publicidad es hacer las cosas bien.

                *Analista

                jrubi80@hotmail.com

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