Se vale soñar

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José Rubinstein 31/01/2014 02:25
Se vale soñar

La Habana, Cuba, fue anfitriona de la segunda cumbre —debiera ser la tercera, la primera fue en 2011 en Caracas y la segunda en 2013 en Chile— de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe —Celac—, organismo que agrupa a 33 países de la región, excluyendo a Estados Unidos y Canadá y cuyo tema central se enfocó en la lucha contra la desigualdad y la pobreza.

La Celac aglutina una población de 590 millones de personas en un territorio superior a 20 mil km2, con una tasa de pobreza en 2012 de 28.2%,  pobreza extrema 11.3% y pobreza infantil 70.5 por ciento. El 10% más rico de la población percibe 32% de los ingresos totales mientras el 40% más pobre apenas alcanza 15 por ciento. Únicamente 21.7% de pobres concluye secundaria, frente a 78.3% de los de mayor poder adquisitivo.

La Celac se erige como el organismo más sólido y de mayor representatividad política, económica, cultural y social del continente americano, desbancando a  la percibida como proyanqui OEA,  cuyo despistado secretario general se apersonó en la cumbre como si la expulsión de Cuba de la OEA —1962-2009—  fuera peccata minuta para el régimen de los hermanos Castro.

En el seno de la Celac, alentada fundacionalmente por el extinto Hugo Chávez, ocupan butaca de primera fila los países del bloque político afín a Venezuela, aplaudidores a ultranza de una Cuba en el papel de estoico líder moral de la región y que por conducto de la voz de Raúl Castro fustiga la intervención, las  invasiones militares y sangrientos golpes de Estado por parte de los centros de poder —léase EU—, renuentes a perder control en la región. ¿Y qué hay con respecto a la represión, a los vilipendiados derechos humanos, a la ausencia de garantías constitucionales, a la feroz persecución política, a la coartada libertad de expresión y a la realización de elecciones democráticas en Cuba?

Para el presidente Enrique Peña es prioritario recuperar el sitio protagónico de México en Latinoamérica. En el caso concreto de Cuba, en cuestionada decisión, México le condonó 70% de su deuda de 487 millones de dólares. Ahora, con propósito de su visita a la isla, Enrique Peña publicó en el periódico oficial Granma un artículo —también cuestionable— enfatizando el fraternal reencuentro basado en la solidaridad y mutuo respeto. Ya en su participación oficial en la cumbre, el Presidente de México pugnó por ser ambiciosos para lograr una mayor integración comercial, enfatizando que el mercado latinoamericano y caribeño, con crecimiento anual promedio de 3.7%, es 20% mayor que el de la Unión Europea: “Estoy convencido que un sueño y una utopía es el punto de arranque para la concreción de grandes logros y de grandes objetivos”. Cierto, se vale soñar.

Finalmente, la cumbre resultó una bocanada de oxígeno para el régimen cubano. Se condenó el bloqueo por parte de Estados Unidos, a la vez que América Latina y el Caribe fueron definidos como zona de paz —¿Será?  Los únicos prietitos en el arroz fueron la recepción en la embajada de Costa Rica a disidentes cubanos y el reclamo de Ban Ki-moon, secretario general de la ONU, al gobierno castrista referente al cumplimiento de los pactos internacionales de Derechos Civiles y Políticos.

Quiero rescatar la frase pronunciada por el millonario en principios éticos y morales, José Mujica, presidente de Uruguay, al recibir la orden del Águila Azteca: “Tal vez nunca los hombres han tenido tanto, tal vez nunca ha habido tanta gente infeliz en la soledad multitudinaria de nuestras grandes megalópolis, con una falta de cariño elemental, con una enorme soledad en medio de la multitud”.

Señores, se vale soñar.

                *Analista

                jrubi80@hotmail.com

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