¿Derrocar pacíficamente?

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José Rubinstein 10/01/2014 02:21
¿Derrocar pacíficamente?

De entre los países latinoamericanos, México y Venezuela han mantenido una firme identificación, resultante principalmente del destino compartido como destacados productores de petróleo. Pemex y PDVSA son las empresas estatales responsables del proceso operativo del preciado hidrocarburo, significando cada cual el principal contribuyente de la hacienda pública de sus respectivas naciones. Aproximadamente 61% del presupuesto venezolano proviene de la venta de crudo, mientras que en México los impuestos derivados del petróleo representan 35% de los ingresos totales del erario. Paradójicamente, Venezuela y México se han convertido en importadores netos de gasolina.

Nuestra arraigada afinidad con el referido país caribeño nos induce a observar con especial atención cuanto allí ocurre, razón por la cual nos aflige y a la vez nos advierte, el retroceso político, económico y social que se ha ido generando en Venezuela —rebautizada como República Bolivariana de Venezuela— a partir del ascenso al poder de Hugo Chávez, en 1999.

Nicolás Maduro, inmaduro, heredero político de Hugo Chávez, malabarea en el aire los platos del poder, con el inminente riesgo de que se le quiebren todos en estruendosa caída al piso. La inflación venezolana de 2013, la más alta de América Latina llegó a la cifra récord de 57 por ciento. El señor Maduro culpa de dicha situación a una conjura estadunidense, a los voraces y acaparadores comerciantes y también a la subversiva oposición, enemiga declarada del socialismo del siglo XXI. Por tal motivo, cual ukase, Maduro intervino comercios por él calificados como usureros, incitó a saqueos a una cadena de tiendas de electrodomésticos, con la consigna de vaciar los anaqueles, culpando a los dueños de robar a la gente que trabaja y estudia. Lo cierto es que la corrupción en Venezuela es galopante; de acuerdo a Transparencia Internacional, en los últimos 14 años dicho país duplicó las pérdidas del presupuesto nacional, por el desvió de recursos, de 30 a 60 por ciento. El diario español ABC valúa tales pérdidas en 500 mil millones de dólares. Maduro, en ejercicio del poder absoluto por un largo año, en virtud  de la ley habilitante, prepara una ley de máxima ganancia en lo que la policía y la Guardia Nacional “inspeccionan” comercios. Los atemorizados y señalados propietarios de los mismos se ven incapaces de reponer inventarios, causal de carestía y del evidente desabasto de productos. Decenas de comerciantes calificados de burgueses han sido encarcelados por usureros y alteración del orden público. Y una cosa lleva a otra, Venezuela es el segundo país más violento del mundo, la tasa de homicidios en 2013 fue de 79 por cada 100 mil habitantes.

Y no es que pongamos nuestras barbas a remojar, pero los mexicanos hemos de pugnar por continuar recorriendo el sendero democrático que habrá de conducirnos a un estado institucional en el que a través del convencimiento parlamentario se imponga y se acate la voluntad mayoritaria.

La reciente convocatoria de Andrés Manuel López Obrador a los integrantes de Morena a “derrocar” al PRI —el partido en el gobierno— y al PAN —el partido de derecha— como se hizo en la época de Porfirio Díaz, de manera pacífica y sin violencia, es por demás preocupante. “Derrocar” implica por la mala y en lo relativo a hacerlo en forma pacífica, bastaría el primer empujón para desatar la confusión. En cuanto a “derrocar” al PRI, obviamente queda comprendido el gobierno federal.

La alternativa de mandar al diablo a las instituciones es argumentar, debatir y persuadir como representante popular dentro del recinto parlamentario. Lo que se debe “derrocar” es el discurso inflamante que incita a rebelarse al dictado de las mayorías.

                *Analista

                jrubi80@hotmail.com

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