El dilema de Juan Pueblo

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José Rubinstein 13/12/2013 01:53
El dilema de Juan Pueblo

Juan Pueblo cuya representatividad y defensoría se adjudica cada partido político, cuyas necesidades y anhelo de justicia son motivo de elocuentes palabras e innumerables promesas.

Juan Pueblo por 75 años orgulloso dueño del petróleo que yace en nuestro subsuelo y del beneficio de la explotación del mismo a través de Pemex.

Juan Pueblo a la fecha no ha recibido dividendo alguno por parte de la empresa de la cual es propietario, es más, Pemex finalizó el pasado 2012 con un patrimonio negativo de 271 mil millones de dólares. Parte de la justificación al respecto es que dicha paraestatal cuya venta anual de 2012 ascendió a un billón 647 mil 900 millones de pesos, se vio obligada a cubrir al erario el 54% de las mismas; en otras palabras, el total de la utilidad operativa se destinó para el pago de impuestos. En la última década la exploración de petróleo de Pemex ha decaído de 3.4 millones de barriles diarios a 2.5 millones en 2013 y en cuanto al gas natural, en los últimos cinco años ésta ha descendido de seis mil 919 millones de pies cúbicos a seis mil 358 millones en 2013. Pemex, con una venta anual de 130 mil millones de dólares, equiparable a la de Statoil, requiere de 153 mil empleados, contra 23 mil de la empresa noruega. Shell, empresa líder mundial, tuvo ventas por 467 mil millones de dólares en 2012, con 87 mil empleados.

Juan Pueblo lejos está de ser perito en materia energética, para ello están sus representantes designados en ambas cámaras legislativas, así como las autoridades gubernamentales responsables del tema energético.

Pemex, al igual que la CFE, están prácticamente en quiebra, los pasivos de la empresa petrolera son superiores 17.8% que el valor de sus activos, mientras que los pasivos de la empresa eléctrica representan 93% de su valor total. Pemex carece del capital requerido para concretar ambiciosos proyectos de vanguardia, el reto principal se ubica en los pozos de aguas profundas. Actualmente es cuestionable la inversión en refinerías debido a la excesiva capacidad instalada para refinar crudo a escala mundial.

Y es aquí donde surge el dilema. Por un lado, el gobierno propone mediante la Reforma Energética, incorporar inversión privada inclusive extranjera que aporte tecnología y asuma los riesgos inherentes a la explotación y extracción de petróleo, manteniendo el Estado la propiedad sobre sus recursos naturales. Por el otro lado, los partidos de izquierda, sobresaliendo las figuras de Andrés Manuel López Obrador y Cuauhtémoc Cárdenas, consideran que la aprobación de la Reforma Energética constituye una vergonzante traición a la patria, afirman que Pemex conducido honestamente y sin la exagerada carga impositiva de la cual es objeto, es capaz de salir avante y convertirse en superavitaria empresa modelo a escala mundial.

Juan Pueblo es tensado por ambos extremos, por un lado lo jalan los defensores y por el otro lo hacen los contrarios a la Reforma Energética, ambos grupos se jactan de representarlo, de contar con su absoluto apoyo e incondicional aval. Ambas posturas sostienen que primordialmente defienden los intereses del pueblo y están genuinamente convencidos de que la razón les asiste. La seguridad y contundencia de cada discurso provoca dudas en el oyente sobre el riesgo que significaría apoyar la causa opuesta.

El dilema de Juan Pueblo es colosal, el intolerante enfrentamiento legislativo entre las distintas visiones de Estado en que la única opción válida es la propia, requiere elegir entre entreguistas, traidores, atracadores, vendepatrias, neoliberales e hijos de su p... madre o entre la izquierda conservadora, retrógrada, populista, mentirosa, violenta, manipuladora y hasta con algún trasnochado nudista.

                *Analista

                jrubi80@hotmail.com

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