Partidos convenencieros
Notorio efecto del proceso democrático por el que creemos transitar es la escalada de la polarización ideológica de los partidos políticos a niveles de intolerancia. Frase que resume: no acepto lo que decida la mayoría porque están equivocados, estoy dispuesto a votar ...
Notorio efecto del proceso democrático por el que creemos transitar es la escalada de la polarización ideológica de los partidos políticos a niveles de intolerancia. Frase que resume: no acepto lo que decida la mayoría porque están equivocados, estoy dispuesto a votar en contra de lo que creo, con tal de sumar fuerzas con la oposición e igualmente a ausentarme de las sesiones en que la votación me sea adversa.
Sabíamos que el PAN representaba los intereses de la derecha, que el PRD reflejaba las inquietudes de la izquierda y que el PRI solía columpiarse entre la atinada izquierda y la conveniente derecha. Las alianzas surgidas a partir del sexenio pasado contaminaron la pureza ideológica de los partidos políticos. El amnésico PAN y el PRD, aquel que no reconoció el triunfo del gobierno espurio, se aliaron en contra del PRI, cuyo respaldo posibilitó que Felipe Calderón protestara como Presidente. Ahora, absortos en las imparables reformas, en el turno de la fiscal, el PRD —sí, el que postuló dos veces a López Obrador— hace mancuerna con el PRI para sacarla adelante, con la corajina y ausencia del PAN. A quien corresponda: ¿seguirá usted insistiendo en el PRIAN y que ambos partidos son lo mismo?
Apenas el domingo pasado, elevado ahora en su púlpito de Morena, en pleno Zócalo, López Obrador “giró instrucciones” a los senadores del PAN, PRD, PT y Movimiento Ciudadano para conformar un bloque que detenga las reformas energéticas y fiscales, en lo que se consulta a los mexicanos sobre su posición con respecto a privatizar el gobierno y en lo que se encuentra una alternativa tributaria, a la vez que un plan de austeridad republicano.
Queriendo fechar el inicio de la pérdida de respeto a las instituciones, nos remontamos al 30 julio 2006, en el intento de López Obrador por revertir el resultado electoral en su contra, convocando a una asamblea permanente en el Zócalo y cerrando —con la trascendente complacencia de las autoridades— el Paseo de la Reforma por interminables 48 días. A partir de entonces las calles se fueron convirtiendo en el ágora desde donde se pitorrean los cotidianos marchantes, de autoridades y ciudadanos.
El ex perredista Andrés Manuel López Obrador amagó también con revelar el pacto existente entre gobierno y el PRD para aprobar la reforma hacendaria. En respuesta, el líder del PRD, Jesús Zambrano, se refirió a AMLO como el Snowden mexicano, mentiroso, falaz y falso.
Por lo pronto, la cúpula del PRD —11 senadores— capitalizó en el Senado su momento como fiel de la balanza, obteniendo concesiones de última hora y sacadas de la manga, tales como la deducibilidad de 50% a prestaciones a trabajadores, eliminación del ISR en el rango de 500 mil pesos, fondeo del seguro de desempleo con recursos públicos, exención — ésta no la entiendo— a la cooperativa Pascual Boing del pago de un peso al litro de refresco y el rescate de dicha empresa con un fondo de 400 millones de pesos. O sea, a incentivar la venta de refrescos baratos.
Siguiendo con el tema de los partidos convenencieros, el grupo leal a AMLO dentro de las filas del PRD en el Senado se alió con el PAN —sí, con los espurios— y juntos abandonaron el pleno durante la votación de la miscelánea fiscal.
Me pregunto si habrá quien rompa una lanza a favor de los fieles partidarios de institutos políticos cuyos ideales y principios han sido trastocados por sus oportunistas líderes, estableciendo antinaturales alianzas con sus tradicionales adversarios políticos.
Aquella frase de “fiel hasta la muerte” la dejamos para alguna película cursi del cine romántico.
*Analista
