Partidos y moral pública

El problema de fondo no es la bajeza de estatura política de estos seudo políticos, sino la falta de repercusiones institucionales y sociales que conllevan sus faltas a la moral.

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José Luis Vargas Valdez 22/08/2014 00:51
Partidos y moral pública

La nueva tanda de videoescándalos de los legisladores del Partido Acción Nacional son una nítida muestra de que los representantes de los partidos políticos han dejado de preocuparse por lo que piensen los ciudadanos de su comportamiento y las repercusiones que ello conlleva a la vida democrática nacional.

Luis Alberto Villarreal, excoordinador de la fracción parlamentaria del PAN en la Cámara de Diputados, y su lugarteniente, el diputado Jorge Villalobos (entre otros), no contentos con los señalamientos que existían en su contra desde noviembre del año pasado por presuntos actos de corrupción a través de los famosos moches, ahora escenifican un nuevo escándalo de organizar bacanales y orgías mientras atendían sus reuniones plenarias en Puerto Vallarta. Ahora, además, sale a la luz que ese pachangón fue financiado con recursos del Ayuntamiento de Puerto Vallarta, Jalisco, con tal de agasajar a los sultanes del table y  los moches, pero para colmar esta novela, sin ni siquiera liquidar las cuotas prometidas a las señoritas contratadas para divertirlos.

Es claro que desde hace meses estos individuos, que dicen ser representantes populares, han demostrado no tener escrúpulo alguno, pues pese a los señalamientos y evidencias en su contra, permanecieron inmóviles en sus cargo por casi diez meses. Lo cierto es que el mayor culpable de ese agravio al público no son estos patanes de la política, sino el presidente del mismo partido que minimizó el asunto con tal de recibir su apoyo para garantizar su reelección en mayo de este año.

Ese pragmatismo que hoy impera en el PAN está acabando con uno de los baluartes y sello distintivo que ese partido tuvo durante décadas frente a la ciudadanía. Precisamente la forma de hacer política y de anhelar ejercer el poder en una concepción de principios éticos y humanos de sus padres fundadores. En ese sentido, cabe recordar un sinnúmero de frases de Manuel Gómez Morin insistiendo en no claudicar en la lucha por el poder político siempre que éste se obtenga mediante prácticas lícitas y morales; así lo decía el célebre exrector de la UNAM y fundador del PAN: “Que nunca falten motivos espirituales en nuestra organización”.

El problema de fondo no es la bajeza de estatura política de estos seudo políticos, sino la falta de repercusiones institucionales y sociales que conllevan sus faltas a la moral. Pues no está nada mal que la única sanción para Villarreal y Villalobos haya sido abandonar su dirección en la bancada del PAN, pero eso sí seguir manteniendo su calidad de diputados federales, con goce de sueldo y prestaciones cada vez más onerosas. Ya ni decir del cinismo cuando argumentan que se trataba de una fiesta privada en horario no laboral. Insisto, se trata de sujetos indignos y sin escrúpulos que se dedican a la política porque fuera de este círculo de influencias probablemente morirían de hambre.

Muestra de ello es la tremenda estupidez de los agasajados al convite, que ni siquiera fueron capaces de hacer un razonamiento mental de su estatus como  figuras públicas y la necesidad de tomar medidas mínimas para garantizar la confidencialidad de sus excesos colectivos.

El verdadero problema de todo esto, no es la contratación de las prostitutas que en todo caso el hecho sólo debiera importar a sus familias, sino el daño que causa a la imagen de la representación popular como mecanismo idóneo y necesario para la democracia representativa. Es decir, que frente a esta clase de comportamientos, que socialmente ofenden a la moral, los ciudadanos paulatinamente dejen de optar por la vía institucional —que son principalmente los partidos— y se inclinen por vías no institucionales o de representación directa. En otras palabras, el verdadero peligro de estos escándalos de mal gusto, no sólo es la afectación a la imagen de estos nefastos individuos ni a la de un partido que hasta hace poco era una alternativa de gobierno, sino el paulatino desencanto social a las instituciones políticas como vía conveniente y necesaria para ejercer el poder público.

                *Abogado y extitular de la Fepade

                jl_var@yahoo.com

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