Eufemismo del petróleo

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José Luis Vargas Valdez 13/12/2013 01:59
Eufemismo del petróleo

México vive de sus eufemismos. No hay frase que mejor lo constate que “el petróleo es y seguirá siendo de todos los mexicanos”. Pregunto: ¿Usted de verdad  se considera dueño del petróleo nacional? Yo no, me explico.

El concepto de propiedad de la nación tiene sentido cuando se trata de bienes estáticos, durables y que tienen una clara accesibilidad pública. Ejemplo de ello son las playas, monumentos históricos o reservas ecológicas, entre otros.

Ahora bien, al hablar de bienes consumibles, como todo aquello que se produce en la industria petroquímica, difícilmente se puede hablar de una propiedad colectiva pues lo que se dice que es de todos, en la realidad no es de nadie o es de unos cuantos.

Cabe recordar que el origen de la Expropiación Petrolera de 1938, decretadas por el presidente Lázaro Cárdenas, fue un acto de autoridad que obedeció a la rebeldía de algunas compañías del ramo —nacionales y extranjeras— que operaban en esa época, al negarse reiteradamente a reconocer determinados derechos laborales.

De tal suerte que el motivo de la Expropiación Petrolera fue hacer valer la autoridad del Estado frente a un conflicto político y social de índole laboral, más que la preocupación de cómo hacer un reparto patrimonial justo y equitativo de las utilidades del petróleo.

Desde aquel entonces y hasta hoy, la decisión resultó un disparate toda vez que quienes tenían la capacidad de garantizar el debido aprovechamiento de ese importante insumo energético, no era el Estado ni su empresa, sino quienes históricamente han invertido sumas millonarias para la extracción y explotación del crudo.

De ahí que seamos el único país del mundo que tiene un esquema tan poco eficiente desde el punto de vista de la industria, pues no se satisfacen los criterios que importan a cualquier empresa: producir a los menores costos para obtener las mayores ganancias.

Por lo mismo, resulta falaz el argumento que sostiene que la naturaleza bizarra de Pemex justifica que su eficiencia no se mida por los parámetros internacionales del ramo, sino por los beneficios de una paraestatal que subsidia una gran parte del gasto público. Se trata de argumentos comunistas —propios del general Cárdenas— que hoy no son sostenibles ni en países como China, Corea del Norte o Cuba, pues es tanto como condenar a nuestra industria a no ser competitiva y, por lo tanto, a ser devorada por los titanes mundiales del petróleo.

Lo más paradójico de todo esto es que a través de estos 75 años de expropiación petrolera, de nada ha servido esa absurda ideologización del Estado por darle el carácter de símbolo patrio a un bien consumible como es el petróleo.

Pues vuelvo a las preguntas: ¿Usted ha recibido alguna vez en su vida un tanque de gasolina gratis por ser dueño del petróleo mexicano?, ¿alguna vez ha sido enterado del porcentaje de acciones que son de su propiedad de la petrolera? La respuesta evidentemente es negativa.

Por todo lo anterior, es aplaudible el empeño del gobierno federal y de los partidos políticos responsables avanzar en la aprobación de la Reforma Energética, pues se trata del primer paso para ir eliminando las prácticas anacrónicas y el discurso retrograda que hoy, en el comparativo mundial, nos hace estar años rezagados en la exploración, extracción y producción del petróleo.

Al mismo tiempo es una verdadera lástima que los peores intereses y complicidades de grupo no hayan permitido aprovechar la oportunidad histórica de dar un golpe de timón al sindicato de Pemex, como ya se hizo con los maestros y electricistas. De haber sido ese el escenario, hoy el proyecto de reforma constitucional también contendría lo que en los hechos es evidente e incontrovertible: que el patrimonio de sus líderes sindicales “es de todos los mexicanos”.

                *Abogado y ex titular de la Fepade

                jl_var@yahoo.com

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