¿Por qué no?

¿Por qué no?Gravar el alimento de las mascotas como una medida de castigo a esa clase opulenta.

En los últimos días hemos constatado que una gran mayoría de quienes toman las decisiones públicas en México, son parte de una clase política poco estudiada, improvisada y propensa a la ocurrencia. La frase favorita de un ocurrente suele ser ¿por qué no?...

¿Por qué no? Proponer un espacio que sustituya la representación popular, que se llame Pacto por México y que permita que ahí se hagan los acuerdos políticos para alcanzar las reformas legales necesarias. Que dicho espacio no esté compuesto por los representantes populares de los mexicanos —que son los legisladores— sino por una estructura cupular de políticos pertenecientes a algunos partidos (¿para qué todos?), en la que ahí se pueda dar ese reparto de barajas de tus temas por mis temas. Que además sea un espacio en el que no exista una obligación de rendir cuentas ni de someter las propuestas para transformar al país y sus instituciones al escrutinio del debate público.

¿Por qué no? Cambiar de un plumazo el sistema electoral mexicano y hacerlo contra el reloj, que —mal que bien— en los últimos 20 años nos ha garantizado procesos electorales cada vez más confiables. Que sirva además como pretexto para remover a los actuales consejeros y magistrados electorales y, ¿por qué no? Mejor proponer a otros que puedan ser más afines.

¿Por qué no proponer una reforma fiscal que en realidad no lo es? Buscar a toda costa aumentar los ingresos del Estado sin contar con una política económica que fije un rumbo claro y serio para un país como México.

¿Por qué no?  Establecer una serie de impuestos absurdos a sabiendas de que ahí no los debe de haber y sin tener la mínima intención de aumentar la base gravable, para que algún día más del 50% de la población económicamente activa que vive en la informalidad, deje de estarlo y contribuya de forma proporcional a sus ingresos con el gasto público.

¿Por qué no? Pedirle mayores sacrificios económicos a la misma población que ya se le tiene cautiva, sin ofrecer una política de racionalidad y austeridad en el gasto público. Seguir con estructuras burocráticas faraónicas que permiten a cualquiera contar con viáticos, coche, choferes y secretarios particulares inútiles para los fines públicos.

¿Por qué no? Gravar el alimento de las mascotas como una medida de castigo a esa clase opulenta que son aquellos que tienen perros y gatos, gravar el refresco y las botanas como una medida para castigar a los perversos que hacen obesos a los niños y niñas; pero eso sí, dejar intactos los intereses de las tabacaleras y la industria de bebidas alcohólicas que tanto bien hacen a la salud pública.

¿Por qué no? Nombrar como digno representante de México en Grecia a una finísima persona como es el ex gobernador Fidel Herrera, quien entre sus múltiples escándalos en su gestión, en 2009 fue grabado fraguando un presunto fraude electoral y alardeando que se encontraba “en plenitud del pinche poder”;

¿Por qué no? Que la Segob salga a declarar que el gobierno federal fue impecable en sus tareas de prevención y protección civil ante los huracanes Ingrid y Manuel, así como aprovechar para echarle toda la culpa de las tragedias sociales que se generaron a los representantes de los estados afectados y a la madre naturaleza. ¿Por qué no? El mismo día que el funcionario de la Segob salía a los medios a pronunciar su discurso de autoelogio, un cocodrilo de metro y medio atacaba a dos niños en las calles de Acapulco (hecho verídico).

La ocurrencia no es mala como un ejercicio mental de lo inesperado y del uso de la imaginación, lo cual generalmente sirve para encontrar nuevas formas de pensar y actuar. Sin embargo, las decisiones políticas que surgen de la ocurrencia suelen ser poco meditadas y basadas en la improvisación. Es lamentable que México cuente con ese nivel de superficialidad que muchas veces raya en la absoluta ignorancia e irresponsabilidad.

En ese sentido, la pregunta relevante es por qué no cambiar de una vez por todas a esa clase política mediocre que tiene a su cargo las decisiones públicas nacionales y que casi por instinto siempre recurre a un ¿por qué no?

                *Abogado y ex titular de la Fepade

                jlvar.excelsior@gmail.com

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