La pista seca y la pista lodosa

A lo largo de la vida, he tenido que estudiar cinco veces mi carrera, dadas las múltiples reformas legales, tanto en materia constitucional como en materia penal.

Este domingo platicaré con Francisco Labastida.

Canal 127 Sky y Cable. 19:00 horas.

En muchas ocasiones, los sucesos personales nos permiten reflexionar sobre el acontecer de lo colectivo. Así me acontece hoy en que se cumplen, exactamente, 80 años de aquel día de 1934 en el que mi padre y sus ilustres socios fundaron el bufete jurídico que me honro en presidir desde hace mucho tiempo. Esa prolongada existencia como firma jurídica lo ha convertido en uno de los tres bufetes más antiguos de México.

Por eso, me resulta satisfactorio el prestigio que ha obtenido con el trabajo de sus abogados, con el favor de sus clientes y con la gestión directiva de mis cinco antecesores, todos ellos abogados de alto registro y todos ellos con especialidades distintas. Pero, más allá del expertise personal de sus directores, la firma atiende una muy diversa variedad de materias y servicios jurídicos. Y esto me ha llevado a una reflexión sobre aquello a lo que he dedicado mi vida profesional: el proceso constitucional y el proceso penal.       

Hay un fenómeno que nos suele acompañar a quienes nos dedicamos al derecho constitucional y al derecho penal, que mucho tiene que ver con la exploración y el descubrimiento.

Existen especialidades jurídicas más cercanas todavía a lo incógnito que a lo descubierto y explorado. Dos de ellas, aunque no las únicas, son las mencionadas, sobre todo en lo que concierne a sus vertientes adjetivas: la constitución y la penal.

Por eso los constitucionalistas y los penalistas requerimos de un temperamento más cercano al del explorador que lo que pudieran requerir el civilista o el mercantilista. Estas últimas son especialidades que, a través de muchos siglos, han evolucionado, han progresado y se han perfeccionado. Pero aquellas todavía se encuentran en estado científico inicial. Todavía son al derecho, lo que a la medicina son el cáncer, el sida, el alzheimer y muchas otras patologías donde el conocimiento se está esforzando por avanzar.

El proceso penal con ciertas intenciones más o menos civilizadas, como lo conocemos o lo deseamos hoy en día, es un producto muy nuevo en la historia de la humanidad. No tiene más de dos siglos de haber empezado a practicarse. Si tuviera que ponérsele nombre y apellido diríamos que se inicia con César Beccaria. Antes de esto, todo proceso penal carecía de reglas y de principios no hace dos mil sino, como repito, hace 200 años.

El derecho penal va 25 siglos atrás del derecho civil. Por eso los civilistas trabajan con una ciencia ya casi consumada mientras que los penalistas todos los días tenemos que imaginar, que inventar y que innovar para hacer avanzar nuestra ciencia.

El derecho constitucional va en la misma tierna edad. Si le pusiéramos nombre, yo diría Montesquieu, en Europa así como James Madison y Alexander Hamilton, en América. En ambos casos, estamos hablando del siglo XVIII.  

Por esas razones y muchas otras más, es que resulta muy conveniente que los jóvenes abogados o estudiantes de abogacía que hoy están reflexionando y decidiendo sobre sus futuras especialidades de desempeño profesional, hagan una breve introspección sobre su propio temperamento.

Así, aquellos que gusten de lo seguro, de lo claro, de lo establecido, de lo sistematizado y hasta de lo perfeccionado, debieran optar por una especialidad ya muy evolucionada. El derecho civil o el mercantil podrían ser una buena selección. Pero de ninguna manera el constitucional o el penal.

Por el contrario, para aquellos que sientan algún disfrute en la exploración, en la expedición, en el descubrimiento, en el invento o en la conquista, deben desechar los caminos andados y dedicarse a construir los propios.

A lo largo de la vida, he tenido que estudiar cinco veces mi carrera, dadas las múltiples reformas legales, tanto en materia constitucional como en materia penal. En varias ocasiones a mí se me ha encargado de su autoría. Hoy mismo, estamos estudiando nuevas garantías constitucionales y nuevo proceso penal, materias que estoy aprendiendo al mismo tiempo que mis alumnos.

Eso no es extraño ni insólito. En 1924, mi padre y sus futuros socios ingresaron a la hoy Facultad de Derecho para estudiar, entre muchos otros temas, una constitución recién expedida y aprenderla al mismo tiempo que sus maestros. Diez años después de ello fundarían su bufete, el que hoy se convierte en octogenario, cuya permanencia cuenta con sus socios jóvenes ya designados y en acción.   

Ello ha sido todo un desafío y un placer incomparable. He sido, metaforizando mi vida profesional, de los que he corrido en pista lodosa, he caminado en el desierto, he dormido en la selva, he nadado en el pantano y he saltado en el trapecio, a oscuras y sin red. No me quejo ni me envanezco. Tan sólo me enorgullece.

Pero reconozco que, también, de vez en cuando ya se me antoja saltar con red, nadar en la alberca, dormir en la suite, caminar en el parque y, sobre todo, no quiero jamás quedarme en la caballeriza, pero ya quiero correr en la pista seca.

                *Abogado y político. Presidente de la Academia Nacional, A. C.

                w989298@prodigy.net.mx

                Twitter: @jeromeroapis

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