¿Por qué Puebla?
No se tratabade manifestantes pacíficos ni pacifistas sino de rijosos que se expresan a pedradas y a fogonazos. Es la expresión política de la sinrazón, cuya única idea es la lesión y el daño, no lo que simulan como oposición o reclamo.
Los recientes sucesos en Puebla nos ponen de manifiesto, una vez más, que los gobiernos que están bien alumbrados por la eficiencia y por su desempeño muchas veces son el blanco de infundios armados para desprestigiarlos. La historia política de México y de muchos países es rica en todo ello.
Así, en lo que se trató de aparentar como una manifestación de ideas que, en realidad, fue una explosión de violencia y de ataque a la autoridad y al orden, se esconde la mano de una urdimbre de rebeldía insana y peligrosa. Ella llevó a la lesión de muchos y a la muerte capitalizada, si no es que provocada deliberadamente, por aquellos que prefieren lo faccioso que lo juicioso.
Destaca la muerte del joven José Luis Alberto Tehuatle, de quien se ha dicho que murió por una bala de goma disparada por los agentes de la autoridad. Sin embargo, ha quedado en claro que murió por la explosión de un cohetón de los que los propios manifestantes empleaban para agredir a la policía. Manos criminales son las que lo llevaron a una manifestación violenta y, para él, quizás ajena. Por otra parte, pudimos ver al agente Mario Tomás González Ricaño ser brutalmente agredido por una turba, donde estuvo a punto de perder la vida a golpes y pedradas.
En este asunto se ha pretendido comparar a una manifestación de ideas que, cuando es legítima y pacífica, debe ser absolutamente respetada y considerada, con una turbación del orden asociada a la violencia y hasta al delito. Porque no se trataba de manifestantes pacíficos ni pacifistas sino de rijosos que se expresan a pedradas y a fogonazos. Es la expresión política de la sin razón cuya única idea es la lesión y el daño, no lo que simulan como oposición o reclamo.
Los trastornos son imperdonables, sobre todo porque afectan a quienes no tienen que ver con la solicitud y el reclamo de los inconformes. Se trata de daños personales y materiales. Se trata de un reto provocador a la más alta autoridad política. Se trata de un vil tanteo para medir la firmeza de un gobierno.
Pero, dentro de todo esto, hay algo que me inquieta sobremanera. Decía yo, al principio, que cuando un gobierno o un gobernante están haciendo bien su trabajo, han aparecido manos clandestinas que los tratan de descarrilar o, por lo menos, de detener. En mi estado natal puedo recordar la forma en que se urdieron escándalos para enturbiar la buena marcha de los gobernadores Arturo Montiel Rojas y Enrique Peña Nieto.
Pero los antecedentes que brinda la memoria son mucho más abundantes. Tan sólo mencionaré que una de las teoría que pretenden explicar los motivos de los sucesos del 68 se instala en la idea de que era notorio el crecimiento de la imagen del regente Alfonso Corona del Rosal y que esta se vería más engrandecida con las buenas cuentas de una ciudad olímpica ordenada y prestigiosa. No estoy diciendo, desde luego, que el conflicto haya sido urdido por Luis Echeverría, porque no lo creo. Pero pudo haber sido una tercera mano la que metió en un brete del que Corona salió como una más de las víctimas de Tlatelolco.
Es por ello que una reflexión más profunda me ha llevado a la conclusión de que el problema real es de gobernabilidad, no de vialidad. Es de política, no de policía. Es de bloqueo de poder, no de bloqueo de calles. Es de hombres de Estado, no de agentes de tránsito. Por eso me preocupa que un buen gobierno, como el actual poblano, tuviera que enfrentar estas tretas de lo insano. Se me podría decir que estoy viendo “moros con tranchetes”. Pero es una obligación de la política es prever y prevenir para no quedar expuestos a trucos similares.
El gobierno que encabeza Rafael Moreno Valle es un gobierno muy preocupado por la gente. Me consta de manera directa porque he seguido su trayectoria con detenimiento y cercanía. Ha sido muy aplicado en todo aquello que se empareja con el humanismo. El empleo, la salud, el agua, la seguridad, la justicia, la educación. Vamos, incluso ha llegado a cuestiones tan casuísticas como la de haber expedido una ley de reinserción de infractores, única por su vanguardia, que produce el beneficio de reinsertar al mundo de la familia y del trabajo a todos aquellos delincuentes no peligrosos que habían sido condenados a destruir su vida en las mazmorras de nuestros inútiles sistemas penitenciarios.
Por eso me queda en claro que las soluciones corresponden más a los hombres de la política que a los de la policía. Tienen que ver con leyes, con el funcionamiento de las instituciones y con la instalación de un Estado de craticidad que nos remita a lo que me he permitido diagnosticar y designar como un “cratoma” o, en palabras más simples, como un cáncer en los sistemas de poder.
No me corresponde juzgar, porque lo desconozco, cuánto durará, al final de cuentas, este siniestro juego de vencidas. Pero sí sé que quisiera que ganaran la ley, la razón, la política y el gobierno. Espero que así suceda y sean vencidos la ilicitud, la sinrazón, la barbarie y los vándalos.
*Abogado y político.
Presidente de la Academia Nacional, A. C.
Twitter: @jeromeroapis
