Las preguntas de los inextricables

Son los gobernantes que preguntan a su pueblo lo que no les importa como respuesta, así como los ciudadanos que le preguntan a su gobierno aquello que jamás tomarán en consideración.

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José Elías Romero Apis 27/06/2014 02:27
Las preguntas de los inextricables

Para Óscar Mario Beteta, en esta mala hora.

 

Hace dos meses escribí para Excélsior sobre las difíciles preguntas que, en ocasiones, hacen las personas más sencillas si es que son bien intencionadas. Pero, ahora, quiero referirme a las preguntas de aquellos seres complejos, enredados y oscuros, a los que llamamos inextricables y que, en muchas ocasiones, nos preguntan “a la mala”.

Recuerdo a una joven mujer que, una mañana de hace muchos años cuando era empleado del gobierno, me preguntó quién había asesinado a su madre la noche anterior. Le contesté que no lo sabía, pero le prometí que lo llegaría a saber. Esa misma tarde, mis experimentados colaboradores me informaron de los fuertes indicios que apuntaban a esa hija única, como la presunta matricida.

Más tarde, esos indicios se convirtieron en un sólido cuerpo del delito y en una consistente probable responsabilidad por lo que, a las 24 horas de haberme querido falsear, fue consignada penalmente y aún se encuentra en la prisión. Mi promesa de llegar a saber fue cabalmente cumplida. Más aún, yo personalmente indiqué a mis fiscales los conceptos básicos de esa consignación para asegurarme de que fuera procesalmente invencible.

Lo esencial de este relato fue que, durante las horas de incertidumbre, no quise contaminar la mente de mis auxiliares narrándoles mi conversación matutina. No les dije que llamó mi atención que me hiciera preguntas tan frías como si ella fuera mi jefa pidiéndome un informe, a tan sólo unas horas de que su madre había sido descuartizada de una manera espantosa. No se inmutó cuando le dije que la occisa tuvo plena consciencia de su muerte y de su homicida. No gimió, no suspiró y no lloró sino que fue impasible como somos los profesionales de este tema.

No les instalé la idea de su perversidad ni de su falsedad porque no la meteríamos a la cárcel, quizá para el resto de su vida, por ser mala ni mentirosa sino por ser una asesina capaz de matar tan sólo por razones dinerarias.

Pero, tampoco, les referí la sangre fría con la que tuvo el atrevimiento de ir a meterse a las cavernas de la Procuraduría General para tratar de “torear” al hombre que daba las más altas órdenes a los fiscales del Ministerio Público, a los comandantes de la Policía Ministerial y a los criminalistas del Cuerpo Pericial. A un funcionario dotado de un poder legal incalculable y conferido de una fama temible para los delincuentes, pero confiable para los gobernantes superiores. Esa muchacha tenía una mezcla de cinismo y audacia verdaderamente inextricable.

Esas de mi ejemplo son las preguntas que nos hacen aquellos que ya saben las respuestas y que, por lo tanto, no les interesa lo que les contestemos. Eso es muy frecuente en la política. Son los gobernantes que preguntan a su pueblo lo que  no les importa como respuesta, así como los ciudadanos que le preguntan a su gobierno aquello que jamás tomarán en consideración.

Son los que preguntan si se deben legalizar la drogas cuando saben que la legalización no las hará saludables, que están prácticamente legalizadas, que se expenden en todos lados, que cuentan con la protección oficial de los corruptos, que nunca han faltado ni faltarán para el abasto y que Estados Unidos jamás permitiría que México las legalizara, so pena de fuertes sanciones, bloqueos, embargos y represalias de todo tipo.

Son los que preguntan si se debe militarizar la lucha contra la inseguridad cuando saben que eso es inconstitucional, peligroso e inútil. Que las fuerzas armadas no están diseñadas para perseguir gánsters ni malandrines. Que participar en ello las expone a la corrupción, al desprestigio y a la derrota, como ya ha sucedido en ocasiones.

Son los que preguntan si debemos recaudar más o gastar menos cuando saben que un país lleno de pobreza, de urgencias y de rezagos está obligado a fuertes dosis de inversión pública. Que la alternativa de reducción del gasto puede ser útil para naciones tan ricas como Estados Unidos o tan pequeñas como Suiza. Que esa pregunta equivaldría, en una familia, al dilema de trabajar más o comer menos.

Son los que preguntan sobre las falsas disyuntivas de soberanía o sometimiento, de libertad o endurecimiento, de democracia o partidocracia, de descentralización o tlatoanismo, de justicia o venganza, de reparto o concentración, de gobernabilidad o anarquía, de sociedad o persona, de desarrollo o conformidad, de guerra o paz, por citar tan sólo unos cuantos de nuestros dilemas artificiosos y mal intencionados.

Esos son, como la joven de mi relato, los que quieren tantearnos, confundirnos, embrollarnos y, al final de cuentas, manipularnos. En realidad, ellos creen que nos preguntan, pero, en el fondo, nos contestan. Ella creía que me preguntaba y me sonsacaba cuando, en verdad, me contestaba mucho y me orientaba bien. Si no me hubiera visitado, nuestra investigación se hubiera demorado y, quizá, hasta yo hubiera fracasado y ella hubiera triunfado.

                *Abogado y político.
                Presidente de la Academia Nacional, A. C.

                w989298@prodigy.net.mx

                Twitter: @jeromeroapis

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