Deportistas y políticos, pacíficos y guerreros

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José Elías Romero Apis 13/06/2014 01:26
Deportistas y políticos, pacíficos y guerreros

¡Buena suerte, México!

 

Estamos en días de deporte, pero siempre es, también, tiempo de política. Nunca podremos sustraernos al futbol, pero, asimismo, nunca podremos sustraernos a la política. Así que, vivamos la temporada y pensémoslo resignadamente.

Existen, entre muchas, dos formas básicas de concebir y de acometer los desafíos y las vicisitudes de la vida individual y colectiva. Una de ellas es el espíritu deportivo, también llamado espíritu guerrero. La otra es el espíritu político, también llamado espíritu pacífico.

Casi todos los seres humanos se encuadran, preferentemente, en alguno de esos dos perfiles. Sin embargo, existen algunos afortunados que están superdotados para ambas aptitudes.

Muchas personas no tienen una conciencia clara del perfil o estilo al que pertenecen y, si son proclives a escuchar consejos, pueden errar en el método si el consejero posee un estilo para el que no es apto el aconsejado. Y todo ello es porque cada persona tiene sus propias aptitudes, cada circunstancia tiene sus propias reglas y cada desafío tiene sus propios objetivos.

Además, la pertenencia a un estilo no tiene nada que ver con el oficio o profesión de cada quien. No quiere decir que tienen espíritu deportivo los atletas y espíritu político los gobernantes. Nada de eso. A lo que me refiero es a la actitud de cada quien para resolver sus días y sus vidas.

Más aún, sirva lo siguiente como ejemplo. Muchos grandes atletas, sobre todo los de deportes de conjunto, poseen las mejores aptitudes del espíritu político. Y muchos grandes políticos, sobre todo los líderes, poseen las mejores aptitudes del espíritu deportivo.

Pero aquí vamos acercándonos al fondo del asunto. Ya hablábamos de la relación entre el individuo, la circunstancia y el desafío. Es decir entre la aptitud, la regla y el objetivo. Las posibles ecuaciones alrededor de esto nos darían resultantes diversas y distintas.

Pensemos, como ejemplo, en cuatro presidentes estadunidenses del siglo XX. Todos tenemos presentes las aptitudes de Franklin Roosevelt para el ejercicio de su encargo. Todos conocemos las circunstancias por las que atravesó, desde para sacar a su país de la gran depresión económica y anímica de los años veinte hasta para llevarlo a la victoria militar y política de la Guerra Mundial. Su inteligencia, su voluntad, su liderazgo, su sensibilidad y su valentía se juntaron con su espíritu eminentemente deportivo y dieron por resultado un guerrero absoluto. En lo político, en lo militar y en lo personal. 

Pero, por eso mismo, siempre he tenido la idea y nadie me ha convencido de lo contrario, que Roosevelt no hubiera ganado la paz ni con la misma facilidad ni con el mismo éxito con los que ganó la guerra. Esa paz, aún siendo costosa, era necesaria. Esa obra pacificadora la hizo Truman y creo que no la hubiera logrado Roosevelt. Harry Truman no tenía las cualidades que hemos mencionado de su antecesor. Pero lo superaba en tolerancia, en transigencia y en modestia. Es decir, con ello resultaba más apto para consolidar una paz así como Roosevelt resultaba más apto para ganar una guerra.

Repasemos a otros dos presidentes. John Kennedy era un hombre carismático, amable, terso, sonriente y agradable. Pero, dentro de él vivía un fuerte espíritu deportivo que constantemente tendía a convertirlo en un guerrero. Muchos somos de la idea de que, tarde o temprano, le hubiera jalado al gatillo nuclear.

Ahora traigamos a Richard Nixon. Él era un hombre arrogante, antipático, áspero, brusco y se dice que hasta repugnante. Pero, dentro de él, vivía un sólido espíritu político que constantemente lo impulsaba a lograr arreglos. Con ello asoció a China, realineó el Oriente Medio y sacó a Estados Unidos del conflicto de Vietnam.

Muchos dirían que cada privilegio tiene su precio. Es cierto. Pero lo importante es que lo sepamos y no compremos a precio secreto. Porque, en lo que acabamos de comentar, podemos apreciar algo que es una constante. En el fondo de todo deportista, por dulce que nos parezca, está escondido un hombre de guerra y en el fondo de todo político, por amargo que nos parezca, vive encubierto un hombre de paz. Todo deportista real es un guerrero. Todo político real es un pacifista. Para el espíritu deportivo no hay sustituto de la victoria. Para el espíritu político no hay sustituto de la paz. Por eso yo podría apostar a que con Nixon jamás se hubiera dado la intentona de Bahía de Cochinos. Pero también creo que, con Nixon, Cuba se hubiera nuclearizado.

Roosevelt, Truman, Kennedy y Nixon sirvieron para lo que sus aptitudes se lo permitían, para las circunstancias específicas y para los objetivos determinados. Esa es la verdadera ecuación del hombre frente a su circunstancia, a su desafío y a su propia esencia. Aceptarlo es el principio fundamental de la objetividad política, el inicio del diagnóstico acertado y la posibilidad de la terapéutica idónea para cada sociedad y para cada nación.

                *Abogado y político.
                Presidente de la Academia Nacional, A. C.

                w989298@prodigy.net.mx

                Twitter: @jeromeroapis

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