Las preguntas de los sencillos

Quise platicarle a una extranjera que, en mi país, han sido los sucesivos gobiernos los que han creado a la mayoría de los ricos y a la mayoría de los pobres. Que, en México, son muy pocos los que son ricos por su propio mérito y que son muy pocos los que son pobres por su propia culpa.

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José Elías Romero Apis 09/05/2014 02:50
Las preguntas de los sencillos

Este domingo platicaré con Álvaro Castro Estrada.

Canal 127, 19 horas.

 

No debemos pedirle a Alfonso Cuarón que sea experto en política energética, tan compleja aun para los políticos. Sus preguntas no son tontas. Tan sólo son zonzas. Aclaro que nunca menosprecio las preguntas de los sencillos. Las preguntas más complejas e interesantes que me han hecho, en la vida, no me las formularon ni mis maestros ni los expertos y, ni siquiera, los presidentes de México. Por el contrario, me las han planteado mis alumnos menos brillantes, mis clientes menos opulentos y mis empleados más modestos.

Comparto algo que me sirva como ejemplo. Hace apenas unos meses, una jovencita mesera vienesa que me atendía, mientras esperaba a que mi hijo terminara su junta, tuvo la amabilidad de interrumpir mi soledad para hacerme conversación, durante algunos minutos. Me hizo cinco o seis preguntas sobre mi país. Todas ellas, muy difíciles de contestar en muy pocas palabras. Recuerdo que me preguntó si México era un país pobre o un país rico.

Le contesté una babosada porque no encontré la manera de decirle que mi país era, al mismo tiempo, muy rico y muy pobre. No quise decirle que México es un país muy rico, pero que está lleno de mexicanos muy pobres. Temí que creyera como una guasa lo que, en realidad, es un drama que podría convertirse en tragedia.

Porque somos como la 12 potencia económica del planeta mientras que Austria es la 12 economía de Europa y debe ser la 40 o 50 del mundo. Pero, por citar algo, allá todos tienen escolaridad suficiente, aun los más modestos. En una semana, sólo traté meseros, taxistas y empleados de almacén, pero todos, sin excepción, hablaban un inglés perfecto, incluyendo a la afanadora que limpiaba mi habitación, quien ha de ser una de las austriacas más pobres que existen.

Cómo explicarle que nosotros somos uno de los más importantes productores de petróleo, de automóviles, de autopartes y de agroproductos. Pero, también, somos uno de los más importantes productores de pobres, porque están ahogándose 60 millones de personas, sumergidas en el pozo de la pobreza. Esa dimensión poblacional no la entiende una europea y a una austriaca no es fácil explicarle lo que es la pobreza ni hacerle comprender lo que come una oaxaqueña pobre.

No encontré cómo decirle que necesitamos crear 20 millones de empleos para combatir nuestra pobreza. Que tenemos que hacerlo en diez años de a dos millones por año. Y que sólo estamos creando 350 mil por lo que nos tardaremos 57 años en lograrlo.

Pero, más complicado que explicar lo anterior, sería contarle que yo vivo en un país dónde la pobreza y la riqueza están asociadas con el poder. Porque en México, más que en ningún otro país, ser muy rico es, además, ser muy poderoso mientras que ser muy pobre es, también, ser muy débil. Por eso los proyectos de reparto son imposibles en la realidad mexicana, por lo menos por la vía pacífica y, por la vía violenta, son muy improbables.

Mi pensamiento llegó a un punto donde lo que me detuvo fue la vergüenza. No quise decirle que en México no atendemos la pobreza, pero sí tenemos un ministerio de la pobreza, que no lo tienen los demás países donde hay sensatez y pudor. Que la pobreza no es un tema de la nación sino, tan sólo, es un tema de los discursos. No pude contestar, en el fondo, si México es más rico o más pobre que Austria. No quise usar estadísticas. Esas son para consumo de algunos economistas, que se preocupan por los números, no de algunos políticos, que se preocupan por las personas.  

Por último, tampoco quise platicarle a una extranjera que, en mi país, han sido los sucesivos gobiernos los que han creado a la mayoría de los ricos y a la mayoría de los pobres. Que, en México, son muy pocos los que son ricos por su propio mérito y que son muy pocos los que son pobres por su propia culpa. Que las grandes fortunas se han formado por el favor de las concesiones, de los privilegios  y de los contratos gubernamentales. Y que las grandes miserias se han generado por la corrupción, la inconciencia y la irresponsabilidad de los gobernantes.

También me preguntó si mi país era seguro o inseguro, si era estable o inestable, si había justicia o injusticia, si era un país feliz o triste. Todas son preguntas muy complejas, pero formuladas por una persona muy sencilla.

La última de las preguntas que me hizo Greta ya la he compartido y me mostró que, además de inglés, también sabía geografía. Que si no nos daba miedo vivir junto a Estados Unidos. Me dio pena confesar mi afirmativa y me dio vergüenza mentirle con mi negativa. Tan sólo le pregunté si a ellos, muchas veces, no les ha dado miedo vivir junto a Alemania. Con palabras que traduzco al “mexicano” me dijo algo como “¡Carajo!, se siente re-que-te-feo”.

¡No que no!, pensé para mis adentros. Después de esto, ella se fue a atender a otra mesa que la reclamaba mientras yo regresé a mi soledad. Pronto llegó mi hijo, pero las preguntas me perseguían. Creo que aún pienso en lo difíciles que pueden llegar a ser las preguntas de los seres más sencillos.                              

                *Político y abogado. Presidente de la Academia Nacional, A. C.

                w989298@prodigy.net.mx

                Twitter: @jeromeroapis

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