En nombre de la ley

El periodismo puede estar muy vinculado con las preocupaciones de una sociedad. Sobre todo el periodismo moderno que, con su capacidad tecnológica actual, puede conectarse con los millones de seres humanos que integran un país grande y tan poblado como el nuestro.

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José Elías Romero Apis 11/04/2014 01:59
En nombre de la ley

Este domingo comenzaremos con un programa en Excélsior Televisión dedicado al análisis jurídico. Los directivos de Grupo Imagen, Olegario Vázquez Raña y Olegario Vázquez Aldir, consideraron que la televisión y la radio mexicanas tienen muchos programas de análisis político, pero ninguno de análisis sobre temas legales. Sobre todo hemos carecido de aquellos que lleven la erudición jurídica al entendimiento del mexicano en general.

Quizá por eso la capacidad ejecutiva de Ernesto Rivera y de Ignacio Anaya dispuso de inmediato que ese espacio fuera colmado por esta empresa. Félix Cortés Camarillo y Roberto Caballero armaron todo lo necesario en lo que puede considerarse un tiempo récord. Con ello me refiero no a meses ni a semanas sino a horas. Pascal Beltrán del Río regaló ideas muy importantes. El resto, que ya es muy poco, recayó en mí.

De esa manera todo quedó listo para iniciar la emisión de este proyecto al que el propio Félix bautizó con el sugestivo título de En nombre de la ley. La edición inicial será un diálogo que sostendré con el procurador del Distrito Federal, Rodolfo Ríos Garza.

Todo esto lo narro para compartir con el amable lector la manera en que trabaja, con sensibilidad y velocidad, una organización de la comunicación a la que le preocupan las inquietudes de la opinión pública. Y, de paso, para señalar las calidades de una televisora de vanguardia y de compromiso.

El periodismo puede estar muy vinculado con las preocupaciones de una sociedad. Sobre todo el periodismo moderno que, con su capacidad tecnológica actual, puede conectarse con los millones de seres humanos que integran un país grande y tan poblado como el nuestro.

Me permito recordar que muchas veces, en la historia, la tarea periodística ha servido a la tarea de leyes y a la de la política, que son los temas que nos ocupan en este proyecto del que platico.

Una de las más notables tuvo que ver con la instalación de la Constitución norteamericana. Diez años después de independizadas, las 13 colonias no habían resuelto convertirse en una sola nación. Ni los virginianos ni los neoyorquinos ni los pensilvanos ni el resto de los colonos habían arribado a la convicción firme de convertirse en estadunidenses. Por ello, quienes sí estaban convencidos iniciaron una importante tarea de sensibilización, a través de los periódicos, la cual hoy tiene un registro histórico.

Alexander Hamilton, James Madison y John Jay, los tres bajo el seudónimo de Publio, escribieron los 85 artículos que, hoy reunidos en un solo volumen, conocemos con el nombre de “El Federalista”. En la juventud estudiantil, los futuros abogados hemos tenido que leer ese libro por lo menos en dos ocasiones. En el curso de Derecho Constitucional y en el de Teoría del Estado.

Por eso lo conocemos de memoria. Por eso sabemos que, sin el efecto de opinión que produjo, no se hubiere constituido la nación norteamericana. Por eso, también, sabemos que, con la misma pluma con la que escribieron la Constitución, Hamilton, Madison y Jay escribieron los artículos publicados en el Daily News, en el Independent y en el New York Post. Por esa tarea periodística se allanó el terreno político para expedir lo que John Adams llamó el documento que cambiaría la historia del mundo: la Constitución de los Estados Unidos de América.

Y es que el proyecto de nación no casaba perfectamente en la convicción de todos. Había sentimientos localistas que se sobreponían a las intenciones federalistas. La existencia de una constitución y de un gobierno nacional era vista como la sumisión a un nuevo amo, después de haber expulsado al amo británico. La instalación de un único ejército en deposición de las milicias locales parecía un desarme peligroso. La potestad federal para imponer tributos sin límite asustaba a todos. Y, sobre todo, la perpetuidad de la alianza. La imposibilidad de separarse de la Unión nunca jamás resultaba aterradora.

Es por eso que digo que, sin esa labor periodística de convencimiento, hoy no existirían los Estados Unidos de América.

Y es que es mucho lo que el periodismo puede dar, pero lo puedo resumir en lo siguiente. Nos obliga a ver más de cerca. Nos permite pensar más libre. Nos acostumbra a sentir más a fondo. Y nos muestra lo que debemos rescatar y lo que debemos remitir de nuestra vida individual y de nuestra vida colectiva.

Hoy, lo mexicanos vivimos tiempos de debate en lo político, lo económico y lo jurídico. Por eso es obligatorio acercar la temática a la opinión general. Aprovechar las ventajas de la comunicación moderna y, a través de ella, poder liberarnos de la ignorancia, del prejuicio, de la sinrazón o del error.

Si con este nuevo programa algo podemos lograr en tales cometidos, la idea, el trabajo y el esfuerzo habrán valido de mucho. Yo estoy seguro de que así será.

Sigo creyendo, igual que cuando joven, que mientras uno tenga una pluma o un micrófono en la mano, jamás podrá ser dominado totalmente por los demás.

                *Abogado y político. Presidente de la Academia Nacional, A. C.

                w989298@prodigy.net.mx

                Twitter: @jeromeroapis

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