Aristóteles y Maquiavelo en la reforma energética
La reforma energética presentada como iniciativa por el presidente Enrique Peña Nieto me parece muy inteligente, independientemente de que sea buena o mala, como se ha estado debatiendo en la opinión pública durante ya casi dos semanas. Después proseguirá el debate ...
La reforma energética presentada como iniciativa por el presidente Enrique Peña Nieto me parece muy inteligente, independientemente de que sea buena o mala, como se ha estado debatiendo en la opinión pública durante ya casi dos semanas. Después proseguirá el debate congresional, quizá dos meses o quizá dos años. En materia legislativa, el reloj no tiene palabra de honor.
Para poder explicarme con mayor soltura sobre mi simpatía hacia la reforma, he invitado hoy a dos viejos amigos míos y de muchos de nosotros: Aristóteles, de Estagira, y Nicolás Maquiavelo. Para comenzar, cedamos la palabra al primero de ellos, a efecto de que nos guíe con algunos silogismos disyuntivos.
Ejercicio uno. Los políticos y los especialistas nos han dicho hasta el cansancio que nuestra situación energética no puede ser peor. Escasa producción o generación, casi nula exploración, insuficiente refinación, decadente exportación, total descapitalización, pobre tecnificación y mil cosas más que, desde luego, son ciertas.
Luego, entonces, si estamos de lo peor, ninguna reforma podría afectarnos y, por lo mismo, no podría ser criticada ni rechazada sino, cuando mucho, podría ser mejorada.
Ejercicio dos. Si esta reforma no puede ser mala y, por el contrario, podría ser buena, entonces Peña Nieto ya tiene un mérito, por modesto que éste pudiera ser y no tiene ningún descrédito. Luego, entonces, si no se le quiere aplaudir, por lo menos debiera ayudársele a mejorar y no obstaculizarlo a cambio de nada.
Ejercicio tres. Se nos ha dicho, como es cierto, que esta reforma constitucional es tan sólo una reforma marco. Es cierto y Aristóteles, convertido en abogado, diría que habrá que esperar al detalle de la norma secundaria. Porque la reforma no es valorativa sino estructural. El texto constitucional actual prohíbe todos los contratos, los buenos y los malos. La reforma elimina la prohibición de contratos petroleros y, por lógica contraria, ahora los permitiría, tanto los buenos como los malos. Corresponderá la depuración axiológica a la norma secundaria que señalará los contratos que se puedan celebrar e, incluso, a la norma terciaria en los propios contratos, donde se establecerán las buenas o malas cláusulas.
Luego, entonces, lo que Peña Nieto ha propuesto hasta este momento no tiene valencia propia y, por lo tanto, no es susceptible de objeción alguna. Pero puede recibir la cooperación enriquecedora, no tanto de los partidos ni de los políticos que, a final de cuentas, poco sabemos de un tema técnico tan complejo, sino de los especialistas. Allí está, por ejemplo, Francisco Labastida, de quien se ha dicho que es nuestro “Ortiz-Mena” en materia de energía. Respetado, dentro y fuera de México, como una de los grandes conocedores de la materia y siempre generoso con su sabiduría, que nunca la regatea ni la marchantea.
Hasta aquí, algo de lo que puede aportarnos el ilustre griego que nos ha acompañado y auxiliado durante ya casi 24 siglos. Ahora, tratemos de escuchar a ese florentino que ha sido tan denostado e incomprendido, casi hasta considerarlo como una muestra paradigmática de fecalidad política, lo cual de ninguna manera es justo.
Nos diría Nicolás, siguiendo también el método del silogismo disyuntivo, que la presentación de la iniciativa presidencial es todo un acierto de la buena estrategia política por lo siguiente.
Ejercicio cuatro. Si la Iniciativa-Peña es aprobada, el actual Presidente se cubrirá de gloria. Ya desde ahora se le adivinaría en la historia como el Presidente visionario, valiente y patriota que arriesgó su capital político y su prestigio personal en una reforma a la que no se atrevieron sus antecesores, por más que muchos de ellos la anhelaron. Desplazaría del pedestal histórico a Lázaro Cárdenas y a Adolfo López Mateos. La Fuente de Petróleos, el Eje Central capitalino y el Anillo Periférico cambiarían de nombre, así como muchas refinerías, presas y buques-tanque que se llamarían “presidente-Peña-Nieto”.
Pero, ejercicio cinco. Si la Iniciativa-Peña es rechazada, el actual Presidente se exonerará de toda culpa. Las calamidades que pasarían, en los futuros años mexicanos, el desarrollo, el empleo, el presupuesto, la exportación, la economía, las finanzas y, quizás, hasta la estabilidad, no serían por culpa de Peña Nieto sino a causa de la terca sinrazón de panistas y perredistas que, por puro capricho, le regatearon a todo México un Estado de bienestar creyendo que, con ello, tan sólo perjudicaban a un Presidente priista.
Así que, de una manera u otra, Enrique Peña Nieto ya ganó y no tiene pierde. Consensuada o no, aprobada o rechazada, glorificada o anatematizada, la iniciativa ya tuvo un rédito político que hace vigente a El Príncipe que, precisamente en este año, celebra el quinto centenario de su primera publicación.
Doy las cumplidas gracias a nuestros amigos, el estagirita y el florentino, por habernos acompañado en estas breves notas.
*Abogado y político. Presidente de la Academia Nacional, A. C.
Twitter: @jeromeroapis
