El “sistema” contraataca

Tal vez sea el primer gran golpe de “el sistema” a un Presidente que llegó al puesto convencido de que su estilo “ganador” era todo lo que se necesitaba.

El presidente Donald Trump enfrentó y falló su primera gran prueba, cuando la mayoría republicana en la Cámara de Representantes retiró de consideración la ley que esperaban remplazase la ley de salud que el presidente Barack Obama y los demócratas impusieron hace casi ocho años.

El fracaso no sólo puso sobre la mesa la dificultad de una legislación de reforma a un sistema que, como tal, representa negocios por más de dos millones de millones de dólares y que, de hecho, fue uno de los principales factores que llevó en su momento a que los demócratas perdieran la mayoría legislativa y, por seis años, Obama fuera Presidente de minoría.

Pero también, y de manera importante, los problemas de Trump y su equipo. La ausencia de experiencia gubernamental, la arrogancia empresarial, la falta de juego político o, si se quiere, del saber hacer.

Esta fue la derrota, quizá la última si aprenden lecciones, aunque tal vez la primera de muchas, para un estilo de negociación que tiene más que ver con la imposición de condiciones que con el más tradicional intercambio de favores o con el qué me das o qué tienes para ofrecer.

Tal vez sea el primer gran golpe de “el sistema” a un Presidente que llegó al puesto convencido de que su estilo “ganador” era todo lo que se necesitaba para “secar el pantano”.

Pero el aparato de Washington tiene muchas arenas movedizas y Trump ha llegado a ellas, sin contar las fosas éticas que él y su gente han agregado.

Peor para él, es un sistema donde el Presidente no es —por lo menos aún— la figura cesariana, autoritaria, de un jefe de empresa.

El politólogo Bill Schneider no se cansa de subrayar que en la política estadunidense cada funcionario electo, en especial senadores y diputados, es un empresario individual que debe ser convencido de votar en tal o cual forma.

En ese sentido, no está de más señalar que el Presidente es el principal cabildero de Washington y uno que, gracias a su puesto, tiene un poder considerable a su disposición, por la cantidad y la calidad de los favores que puede ofrecer. Pero también que los legisladores tienen formas de trabajar y presionar, como ahora experimentó Trump, en forma dolorosa para su ego y, sobre todo, su Presidencia.

Fiel a su estilo, el mandatario culpó a la falta de apoyo demócrata, pero en realidad no hizo mucho para acercarse a ellos. La derrota, en todo caso, es de él y los republicanos, y no una victoria de la minoría legislativa.

Y es tiempo de comenzar a ver lo que éso puede significar para su siguiente gran prioridad: el presupuesto, muro incluido. Por lo pronto, la derrota en el tema del cuidado de salud puso a la vista las divisiones ideológicas entre los republicanos y entre ellos y el Presidente que eligieron.

Ciertamente, para Trump no se acaba el mundo. Barack Obama gobernó por años a pesar de un Congreso donde la mayoría era opositora a niveles casi de rabia. Impuso ideas y decretos. Trump puede hacer lo mismo, aunque sería de temer que inmigrantes y comercio internacional se conviertan en los chivos expiatorios de su frustración.

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