Trump y México: la fortaleza de México está en su relación con Estados Unidos
Algunos estados se preocupan por la suerte de los más de 17 mil 700 millones de dólares en exportaciones de productos agrícolas a México.
La relación entre México y Estados Unidos es tan compleja y tan integral, que muchas de sus facetas son más del rango doméstico que de política exterior en los dos países.
La creciente resistencia que encuentran la determinación del presidente Donald Trump de renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y construir un muro en la frontera con México son testimonio de esa vinculación.
Trump y sus asesores pueden haber pensado, con alguna razón, que la dependencia de México respecto al comercio con Estados Unidos lo haría un blanco fácil para lograr concesiones forzadas en términos de intercambio comercial.
Agréguese la presión creada por la decisión de expulsar a migrantes indocumentados y buscar formas de estorbar los envíos de remesas y se encuentra el germen de un problema de política exterior. Pero cuando eso afecta tan de cerca a muchos estadunidenses, se convierte igualmente en un problema de política doméstica.
En términos reales, no hay otra forma de definir el que legisladores republicanos y demócratas estén determinados a estorbar detalles de esas políticas. No es ciertamente por afecto a México, aunque puede haberlo, sino porque las políticas propuestas por Trump y sus aliados ideológicos pueden tener consecuencias reales.
Como ejemplo, algunos estados estadunidenses —y sus representantes— se preocupan por la suerte de los más de 17 mil 700 millones de dólares en exportaciones de productos agrícolas a México.
Por otro lado, la idea de construir un muro, que nadie sino Trump y alguno de sus aliados cree que va a ser pagado por Mexico —al menos no directamente–, encuentra objeciones presupuestales y prácticas.
La idea de deportaciones masivas, además, tiene implicaciones laborales, productivas y económicas a varios niveles, sin contar con los costos políticos. La oposición activa en México ha contado también. La idea de que los mexicanos que tienen cuentas en Estados Unidos las cancelen tiene un impacto, al igual que la incipiente disminución en el turismo y en las compras de productos estadunidenses.
Ciertamente, dado el tamaño de las economías, México tiene mucho más que perder en términos relativos, pero el impacto negativo en Estados Unidos no es algo a desdeñar.
Y, otra vez, México tiene muy pocas oportunidades de ganar un conflicto de cualquier tipo con Estados Unidos, pero Donald Trump no es Estados Unidos: es el Presidente del país, pero no su soberano.
En términos reales, algunos analistas estadunidenses como Shannon O’Neil, del Consejo de Relaciones Exteriores de Nueva York, comienzan a preocuparse de que el único ganador de un alejamiento de Estados Unidos y México sea China, el principal competidor de su país en la economía
mundial.
