La debilidad de Trump, problema para México
Para Trump, el choque con México podría ser el “triunfo” que ahora necesita para “resetear” su gobierno.
Lo que parece un énfasis creciente del presidente Donald Trump para cumplir sus promesas de campaña, específicamente contra los inmigrantes indocumentados y para construir una muralla en la frontera con México, disfrazan lo que, al mismo tiempo, parece una debilidad política real.
No es para hacerse ilusiones. Trump está enfocado sobre México porque, por un lado, representa varios de los principales temas de preocupación para los votantes que lo eligieron, sobre todo migración, seguridad y libre comercio.
Para bien o para mal, hay millones de indocumentados mexicanos en Estados Unidos que toman trabajos que los estadunidenses no quieren, pero consideran de cualquier manera suyos, que representan la porosidad de sus fronteras y el sentimiento de inseguridad que lo acompaña; el libre comercio, además, es responsabilizado de la fuga de empleos industriales.
Pero también porque representa un blanco fácil. Primero, está “al lado”, y si bien hay sólidas explicaciones sociales, económicas y políticas para esos fenómenos de integración, los problemas son encarnados por los mexicanos y eso es lo que les importa y lo que Trump trata de explotar.
En segundo lugar, porque la integración económica produjo una dependencia económica en la que México es la parte más débil, en tanto que el realismo y la situación interna limitan la capacidad del gobierno del presidente Enrique Peña Nieto para responder con la dureza que muchos mexicanos quisieran.
Para Trump, el choque con México podría ser el “triunfo” que ahora necesita para “recetear” su gobierno, que, a cinco semanas de iniciado, enfrenta una impresionante serie de problemas creados, en gran medida, por la locuacidad de Trump.
Sí, puede anunciar un muro, ¿pero lo financiará su Congreso?, ¿le bastarán los fondos de la Iniciativa Mérida para pagarlo? Peor aún, de acuerdo con las encuestas más recientes, 60% de los estadunidenses se opone a la construcción de la pared, entre otras cosas porque creen que hay mejores usos para ese dinero.
Y, al mismo tiempo...
Parte de la idea geopolítica del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) fue unir la suerte de México con la de Estados Unidos, a través de una esperada mejoría económica vinculante a través del comercio e intereses compartidos.
México, sin importar lo que diga ahora Trump, y simplemente por la vecindad, es considerado como una prioridad de seguridad nacional para Estados Unidos. Y ciertamente es posible que el muro sea construido, por lo menos en parte, y eso permita que el Presidente hable del cumplimiento de promesas.
Pero las cosas no son tan claras. Si no construye tres mil kilómetros de bardas, va a ser un fracaso; si no produce un inmediato incremento del número de empleos y mejorías de salario, va a ser un fracaso; si el nivel de comercio con México se reduce, va a ser un fracaso.
El ruido creado por las declaraciones y las acciones del presidente Donald Trump encubren un hecho real: tiene un enorme poder, pero es políticamente débil.
A sólo cinco semanas de que tomó el poder, esa afirmación parece contradictoria, pero el hecho es que Trump fue electo por una minoría y, aunque Presidente legal y legítimo, la debilidad de su respaldo parece impulsarlo a tratar de solidificarlo y legitimarse con acciones que demuestren su poder.
Lo malo es que México es la víctima propiciatoria.
