Las relaciones necesarias

En el caso de México y Estados Unidos, se ha buscado a veces la creación de ese tipo de vínculos; en otros han ocurrido por cuestión de oportunidad.

Una de las características de las relaciones entre México y Estados Unidos ha sido la existencia de vínculos y fórmulas de comunicación más allá de los formales.

Cierto que no es una formulación única. Entre países hay canales de comunicación informales más o menos establecidos o de oportunidad. El escritor colombiano Gabriel García Márquez fue en su momento portador de mensajes entre los presidentes Bill Clinton de Estados Unidos y Fidel Castro de Cuba.

En el caso de México y Estados Unidos se ha buscado a veces la creación de ese tipo de vínculos; en otros han ocurrido por cuestión de oportunidad. La tradición cuenta que en los años cincuenta un descendiente de Justo Sierra era un jugador importante en la sociedad de Washington, en buena medida como canal informal de comunicación entre los dos gobiernos y tal vez como un cabildero elegante.

Cuando Tomás Yarrington era gobernador de Tamaulipas, fue un canal importante para la relación entre el entonces candidato presidencial republicano George W. Bush y el presidente Ernesto Zedillo.

En más de una ocasión se ha buscado que los embajadores en el otro país sean personas con una relación muy cercana con el presidente en turno, tanto como expresión de interés como por la posibilidad de transmitir mensajes o sentires.

El estadunidense Tony Garza, por ejemplo, era considerado como muy cercano a la familia del segundo presidente Bush. El mexicano Arturo Sarukhán fue el principal asesor internacional en la campaña de Felipe Calderón y luego su exitoso embajador en Washington.

Ha habido también la intención de establecer relaciones personales entre sus presidentes, aunque con mayor o menor éxito, según la personalidad de los mandatarios involucrados. No se pueden dictar simpatías por decreto.

Pero el intento ha existido, en algunos casos con mayor éxito que otros. Carlos Salinas de Gortari y George H. W. Bush tenían, por ejemplo, una muy buena relación personal. Ocho años después, el vínculo entre Vicente Fox y George W. Bush llamó la atención, al menos en sus primeros tiempos.

Lo cierto es que las relaciones bilaterales han tenido por años una mezcla en la que han habido personalidades, intereses, entendimientos y canales informales que a veces han operado muy al margen del aparato diplomático o político tradicionales.

Hoy se habla de la posibilidad de que se haya iniciado el proceso de comunicaciones no-oficiales entre el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto y el presidente electo estadunidense Donald Trump, aunque oficialmente se niega y la sociedad mexicana resiente la retórica del estadunidense.

En este caso, los vehículos serían hombres de negocios, consejeros, personas de confianza y, en algún caso, con vínculos familiares con el aún mandatario electo estadunidense.

Una tradición iniciada el último tercio del siglo pasado establecía un encuentro entre el Presidente electo y el Presidente en ejercicio de los dos países. Pero quién sabe si esta vez pueda darse: las condiciones políticas en los dos países no parecen favorecer el establecimiento de relaciones personales.

Pero, al mismo tiempo, esa relación personal y esos canales informales resultan más necesarios que nunca.

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