México, Trump y las alternativas
Si la Alianza del Pacífico y el vuelco hacia el Asia son conceptos revitalizados, dependerá en buena medida de las posiciones que
Trump adopte en las negociaciones sobre el TLCAN.
La Alianza del Pacífico era hasta hace poco una organización con realidades importantes, pero mucho más promesas que cumplir.
De repente, se plantea como una agrupación de enorme valor estratégico, tanto en lo político como en lo comercial y, por tanto, lo económico.
Con el Acuerdo Transpacífico propuesto por el gobierno de Barack Obama virtualmente “muerto en el agua” gracias a Donald Trump y su neonativismo, la Alianza asume un nuevo significado tanto para los países del Asia como para América Latina, especialmente México.
El TTP era una propuesta estadunidense para crear un acuerdo regional de libre comercio con la definida intención estadunidense de presionar a China Popular. Ninguno de los países incluidos en el TTP, ni Japón o México o Australia ni otro, podía darse el lujo de dejar de estar.
La Alianza del Pacífico en cambio camina calladamente desde su creación, con Colombia, Chile, Perú y México como socios fundadores y una veintena de países observadores. Con metas comerciales parecidas —aunque distintas— al TTP, aunque con la ventaja de no tener una postura antichina.
Ahora se convierte en una alternativa superior. Trump decidió matar el TTP sobre la premisa de que Estados Unidos tiene el balón y nada puede sustituirlos. Cierto. No hay por ahora nada que por su tamaño pueda sustituir a Estados Unidos como nodo de comercio, pero ni Trump ni Estados Unidos pueden o deben contar que tienen esa posición de forma indefinida.
Si la Alianza del Pacífico y el vuelco hacia el Asia son conceptos revitalizados, dependerá en buena medida de las posiciones que Trump adopte en las negociaciones sobre el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). No tanto sólo por México, sino porque serán indicadores importantes de lo que se puede esperar o no de Estados Unidos.
Y hasta ahora, la postura de negociación delineada por Trump es de amenaza, de “me das lo que quiero o me llevo el balón”, no sólo con México sino con otras regiones. Pero México es el tema más próximo.
Con todo, el exceso de confianza de Trump lo ha llevado ya a ser visto con desconfianza en Europa y a esbozar una confrontación con la República Popular China, luego de su conversación telefónica del viernes con la presidenta de la República de China (Taiwán).
Esa combinación externa y la realidad domestica —en términos de lo que costará “recuperar” la industria en una economía postindustrial— puede ser un formidable factor de negociación.
Jorge Domínguez, el destacado latinoamericanista de la Universidad de Harvard, comentó alguna vez que Estados Unidos tenía varias ventajas en las negociaciones comerciales con los países latinoamericanos: obviamente el mercado es una, pero sobre todo, la capacidad de esperar.
El gobierno mexicano tiene presiones internas importantes, pero Trump tiene a su vez la necesidad de victorias antes de que su imagen se resquebraje. Y muy al margen de cualesquier acuerdo posible, México debe empezar a potenciar otras canastas, en especial la Alianza del Pacífico y la relación con China, la India, Corea del Sur y Australia, entre otros.
