Y de repente, ahí viene el “coco” Trump

La casi segura nominación de Wilbur Ross, un presunto enemigo del libre comercio y ciertamente crítico del TLCAN, como secretario de Comercio de EU ilustra la posición de fuerza que quiere presentar.

Donald Trump ya comenzó a negociar sobre comercio y temas internacionales, tras haber sugerido posturas tan duras, tan extremas, como las que planteó durante su campaña electoral, que cualesquier paso atrás es considerado como una concesión.

Pero unas y otras son simplemente parte de su “arte de la negociación”.

La casi segura nominación de Wilbur Ross, un presunto enemigo del libre comercio y ciertamente crítico del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), como secretario de Comercio, ilustra la posición de fuerza que quiere presentar.

Según Ross, México tiene que ceder porque depende de Estados Unidos.

“No habrá guerras comerciales y diré por qué: Veamos al peso mexicano, la razón por la que ha colapsado es porque todo mundo sabe que los mexicanos tendrán que hacer concesiones, punto”, dijo en declaraciones a la sección de noticias financieras de Yahoo.

Desde su perspectiva no pareciera estar muy equivocado. Pero tal vez valdría la pena darle otra óptica: una buena parte del Producto Nacional Bruto estadunidense está vinculado con el TLCAN y la relación con Canadá y México. Tal vez más con Canadá, donde algunos gustan de verse como los primos predilectos del coloso, pero México también pesa.

El propio Ross advierte que Estados Unidos es el principal socio comercial de México, pero no dijo que México es el segundo comprador de Estados Unidos. Y ese hecho, combinado con las cadenas productivas regionales, tiene un peso también.

Guste o no a Trump y a Ross, de lo que se trata es de una codependencia en muchos sentidos que hacen del TLCAN algo más que un convenio únicamente comercial, y que ceñido a la letra de la idea quiere ignorar deliberadamente una realidad distinta.

Tanto o más que un acuerdo comercial, el TLCAN es un tratado de alianza estratégica, uno que en términos reales ata a los dos países y ya ha desarrollado una profunda relación económica, social y geopolítica. Cierto, la parte estadunidense es la más fuerte por tamaño físico y de economía.

Pero las cosas no son tan simples.

“El robusto comercio, la infraestructura y los lazos culturales que Estados Unidos comparte con México y Canadá no pueden ser bruscamente cortados sin crear una turbulencia significativa en el país (EU)”, apuntó un reciente texto de la organización de análisis Stratfor.

Peor aún, una República Popular China con enormes cantidades de dólares ya señaló su interés en ocupar al menos en parte los vacíos comerciales que deje el Estados Unidos de Trump.

Y para enfrentar la competencia china, Estados Unidos necesita aliados y socios.

Cierto. China no va a resolver los problemas mexicanos. No hay muchos países que sostengan comercios bilaterales superiores a los 500 mil millones de dólares anuales. Pero Asia es el continente del futuro y, por tanto, vale la pena ver hacia esa región. No se trata de renunciar o no negociar en el marco del TLCAN, sino empezar a aprovechar alternativas y potenciar ideas como la Alianza del Pacífico (que es como el Tratado Transpacífico de Prosperidad-TTP, pero sin el elemento antichino).

Tal vez sería conveniente que se preguntara al señor Trump qué propone y a cambio de qué.

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