La nostalgia por tiempos que no existieron...

“Donde otros ven el río del tiempo fluir como siempre lo ha hecho, el reaccionario ve los restos del paraíso flotar ante sus ojos”.

La nostalgia por una imaginaria época dorada se ha convertido en una de las armas políticas más potentes de la era moderna y servido como base ideológica a grupos y políticos reaccionarios.

De acuerdo con el politólogo estadunidense Mark Lilla, lo primero que es necesario recordar es que “reaccionario” no es lo mismo que “conservador”, aunque son términos que muy frecuentemente son usados de manera indistinta en países como México.

“A su estilo, son tan radicales como los revolucionarios y similarmente firmes en el puño de las fantasías históricas. Las expectativas milenarias de un nuevo orden social redentor y seres humanos rejuvenecidos inspira a los revolucionarios; temores apocalípticos de entrar a una nueva edad oscura asustan a los reaccionarios”, escribió en su libro The shipwrecked mind: on political reaction (La mente embarrancada: sobre la reacción política).

Los momentos de cambio social, político o económico son para muchos el inicio de nuevas eras, pero para los reaccionarios son el fin de jornadas gloriosas, mejoradas y más espectaculares a medida que pasa el tiempo y la gente olvida, o no puede recordar, sus realidades.

En ese sentido, la historia del reaccionario “comienza con un estado feliz, ordenado, en el que la gente que conoce su lugar vive en armonía y se somete a la tradición y su Dios. Las ideas extrañas promovidas por intelectuales –escritores, periodistas, profesores– cuestionan esa armonía y la voluntad de mantener orden se debilita en la cabeza”.

Para Lilla, el punto clave del pensamiento reaccionario está en lo que consideran como la traición de las elites pensantes, una que sólo es advertida por aquellos que preservan memorias de los viejos tiempos.

“Si la sociedad cambia de dirección o se apresura a su condenación dependerá completamente de su resistencia. Los islamistas políticos, los nacionalistas europeos y la derecha estadunidense cuentan esencialmente el mismo cuento a sus hijos ideológicos” y con ello tratan de detener la historia.

“Donde otros ven el río del tiempo fluir como siempre lo ha hecho, el reaccionario ve los restos del paraíso flotar ante sus ojos”, apuntó el politólogo.

En otras palabras, toda transformación social mayor deja atrás un paraíso que puede ser el objeto de la nostalgia para alguien, “y los reaccionarios de nuestro tiempo han descubierto que la nostalgia puede ser un poderoso motivador político, tal vez más potente que la esperanza”.

Y eso mueve a muchos, tanto a la “izquierda” como a la “derecha”. La explicación del Brexit y Donald Trump podría estar ahí. “La esperanza puede ser decepcionada, la nostalgia es irrefutable”.

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