Un encuentro posible... pero obligado

De ocurrir, esa reunión tendría lugar después del 8 de noviembre, una vez que se sepa el nombre del vencedor en la contienda electoral.

Separados por la retórica, pero a fin de cuentas con una confluencia de intereses, el presidente Enrique Peña Nieto y el candidato presidencial republicano Donald Trump podrían terminar como participantes en lo que hoy parece un improbable: diálogo directo.

Ninguno de los dos tendría interés particular en esa conversación, pero serían impulsados por sus necesidades políticas, más aún si Trump resultara electo Presidente de Estados Unidos. El hecho es que en la última semana los dos expresaron su disposición a un encuentro.

Trump hizo de México y los mexicanos los villanos en la narrativa inicial de su campaña, sólo para ver ese tema convertido en una espada de Damocles sobre su candidatura, tanto si la empuja más como si se retira.

La agresión verbal contra los mexicanos, el grupo mayoritario en la población latina, ha tenido un costo considerable para Trump y los republicanos, y ahora su potencial camino a la Casa Blanca pasa por, al menos, reducir la ventaja que con ello concedió a la demócrata Hillary Rodham Clinton.

La “suavización” de la retórica antimexicana de Trump, al igual que sus llamados a los negros, son sólo un necesario truco para restar dureza a la imagen que ha construido su campaña presidencial. Un retroceso le restaría fuerza entre quienes son ahora sus mas entusiastas seguidores.

Por lo pronto, la campaña electoral estadunidense está demasiado avanzada para un encuentro del Presidente de México con cualesquiera de los candidatos presidenciales estadunidenses.

Lo más probable, sin embargo, es que, de ocurrir, esa reunión tendría lugar después del 8 de noviembre, una vez que se sepa el nombre del vencedor en la contienda electoral.

Lo que sí es seguro es que hay un esfuerzo mexicano por abrir canales de comunicación con los consejeros políticos de ambos candidatos.

Las reuniones del Presidente con el Presidente electo entre los dos países ya son tradicionales y, en el caso actual, sería doblemente importante: no sólo porque Trump es o haya sido crítico de México y se haya expresado contra los mexicanos, sino porque Clinton, a partir de puntos propios, tiene sus propias opiniones respecto a la relación

bilateral.

Al margen de Trump o Clinton, México y Estados Unidos son y seguirán siendo vecinos, con una creciente integración socio-económica y un enorme comercio bilateral.

Pero también es cierto que los dos políticos estadunidenses coinciden en la necesidad de renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN); la diferencia esencial estaría en las formas.

El viejo don Jesús Reyes Heroles solía decir que en política, como en poesía, la forma es fondo. Para ambas partes se trataría, al menos, de cuidar las formas.

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