Trump y su visión... Problemas

Las amenazas del candidato republicano Donald Trump hablan, al menos, del resurgimiento de una fuerte corriente aislacionista.

¿Estados Unidos contra el mundo?

El candidato presidencial republicano, Donald Trump, parece empeñado en una campaña para olvidar, o tal vez abusar, de la posición que este país ha alcanzado en términos de política y economía mundiales.

Y eso, en principio, deletrea problemas...

Para bien o para mal, el orden internacional que ahora se vive en el mundo está anclado en la participación estadunidense. Es, de hecho, el orden establecido después de la Segunda Guerra Mundial y consagrado después de la caída del Muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética.

Hoy por hoy, es un mundo unipolar, al menos todavía.

Las amenazas de Trump, que han ido desde la construcción de un muro en la frontera con México al condicionamiento de sus compromisos con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), al retiro de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y la prohibición de entrada a algunos ciudadanos de Alemania y Francia pueden o no ser realistas, pueden o no ser viables, pero hablan, al menos, del resurgimiento de una fuerte corriente aislacionista presente siempre en la política estadunidense.

Podría ser, idealmente, una forma de negociación para obtener mejores y más ventajas para Estados Unidos.

Después de todo, Trump se precia de ser un negociador duro y el imponer una negociación desde una posición de fuerza es una jugada básica.

El problema, sin embargo, es la medida en que esté dispuesto a jugar sus cartas, si fuera electo presidente del país que, pese a su catastrofista descripción, es el hegemón mundial.

Trump no sabe de política exterior ni parece preocuparse. Después de todo, su mundo ha sido el de los bienes raíces y una de sus mayores influencias intelectuales fue Roy Cohn, el abogado que fuera del Comité de Actividades Anti Estadunidenses que a principios de los cincuenta presidió Richard Nixon.

Sus consejeros de política exterior y de seguridad nacional son virtualmente desconocidos o considerados de segunda fila, con la excepción quizá del general

Michael Flynn, un abierto exégeta del excepcionalismo estadunidense que durante la convención republicana demandó no permitir el surgimiento de nadie que pudiera rivalizar.

Pero cualquiera de las dos premisas es preocupante. Si se acompaña con lo que parece una visión casi “apartheid” de la sociedad estadunidense, el panorama no es halagüeño, en caso de que los demócratas no ganen...

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