La preocupación por Trump
Un Presidente de Estados Unidos con un mensaje ultranacionalista y xenofóbico, no es una perspectiva agradable.
Tan remota como sea, la posibilidad de que el republicano Donald Trump pueda llegar a la Casa Blanca existe y preocupa a muchos, el gobierno mexicano incluido.
Y no es para menos. De acuerdo con el práctico candidato presidencial republicano, Estados Unidos debe ser “el gran matón”, el bravucón abusador porque ya no debe ser “el país estúpido” del que se aprovechan los demás, sobre todo en cuestiones comerciales.
Al margen de que pueda o no hacer realidad sus fanfarronadas, el hecho de que hayan encontrado algún eco son suficiente razón para justificar el nerviosismo existente en medios mexicanos y de comercio internacional. Un Trump presidente de Estados Unidos, con un mensaje ultranacionalista y xenofóbico, no es una perspectiva
agradable.
La apuesta del lado mexicano parece estar en concienciar a los estadunidenses y su liderazgo de los costos que tendría para ellos —y el mundo— el tomar el sendero del bravucón que propone Trump, y se hizo evidente durante una conferencia realizada la semana pasada en México por el Centro Adrienne Arsht del Atlantic Council de Washington y el bufete internacional Baker & McKenzie.
Ahí, la canciller mexicana Claudia Ruiz Massieu afirmó, por ejemplo, que “vamos a continuar construyendo puentes comunes de prosperidad, tan altos y fuertes que no habrá muro que pueda alcanzarlos”.
Luis de la Calle, un experto en comercio internacional, argumentó sobre los daños que acarrearía interponer obstáculos al comercio entre países que como Canadá, Estados Unidos y México, son cada vez más una unidad productiva.
El encuentro puso en perspectiva la situación, de cara a las elecciones estadunidenses y ante las preocupaciones despertadas por un candidato de las características de Trump.
El virtual aspirante republicano desdeñó recientemente las advertencias de que sus propuestas de imponer grandes tarifas al comercio con México y China podrían desatar una guerra comercial y las descartó sin mayor consideración.
Para él, lo que importa es la idea de que los otros países “respeten” a Estados Unidos y “dejen de aprovecharse” de ellos, con acusaciones que van de robo de empleos a abuso del libre comercio.
El problema no es que Ruiz Massieu, De la Calle y otros participantes sean racionales y hayan presentado argumentos consecuentes; el problema es que Trump funciona en sintonía con votantes que piensan, hablan y votan con el hígado.
Trump, de hecho, juega la carta cesarista, de “hombre fuerte” al que no le preocupan reglas, acuerdos o tratados internacionales, sino lograr sus propósitos domésticos. Si fuera el Presidente de un país pequeño y aislado sería un irritante; pero como posible Presidente de la mayor potencia económica y militar del mundo, es alarmante.
NOTA BENE: la nueva embajadora de Estados Unidos en México, Roberta Jacobson, fue juramentada dos veces, una por el secretario de Estado, John Kerry, y otra por el vicepresidente Joe Biden. ¿Qué tal eso como expresión de apoyo?
