Trump y la resurrección del macartismo

Fue en la década de los 50 cuando se acuñó la palabra como sinónimo de persecución por ideas o por asociación con ideas.

Para muchos estadunidenses y la inmensa mayoría del resto del mundo, Roy Cohn es sólo una anécdota histórica.

Tal vez, si se quiere, un pequeño apartado en los libros sobre intolerancia en una época negra de Estados Unidos, la persecución “anticomunista” de principios de los 50.

Una época que, sin embargo, puede resurgir de nuevo.

Fue en la década de los 50 cuando se acuñó la palabra “macartismo” como sinónimo de persecución por ideas o por asociación con ideas, cuando el Congreso de Estados Unidos formó “Comités de Actividades Antiestadunidenses” sobre la base que pensar socialista o comunista era lo mismo que ser enemigo de su país.

Cientos, por no decir miles de personas asociadas con la izquierda, con la simple intelectualidad o incluso el antifascismo fueron perseguidas, puestas en listas negras o hasta obligadas al exilio en el clímax del temor anticomunista.

Roy Cohn estuvo en el centro de eso, como abogado-consejero del senador Joseph McCarthy, que en su búsqueda de prominencia imitó y superó las acciones del Comité de Actividades Antiamericanas, que presidió Richard Nixon mientras estuvo en la Cámara de Representantes y que usó como trampolín político en una carrera que lo llevó primero a la vicepresidencia, a la derrota, a la Presidencia, a la desgracia y luego a la revaloración.

Pero McCarthy excedió límites a través de insinuaciones, ataques abiertos y acusaciones sin fundamento que iban de espionaje a homosexualidad transformadas en “cacería de brujas”, producidas por Cohn, quien a la caída de aquel en 1954 se refugió en Nueva York, donde se convirtió en un temido abogado.

Y como abogado, uno que “no tomaba prisioneros”, que era capaz de decir cualquier cosa porque buscaba ganar a toda costa, tuvo un impacto mayor que el que pueda pensarse sobre uno de sus clientes: el entonces joven empresario Donald Trump.

“En los años formativos de la carrera de Trump, cuando pasó de ser un niño rico que trabajaba para su padre, empresario de bienes raíces, a un operador de primera linea por derecho propio, Cohn fue una de las más potentes influencias y contacto más útil en la vida de Trump”, afirmó la publicación electrónica Politico.com.

En los 13 años de 1972 a 1985, Cohn ayudó a Trump en juicios por discriminación racial, logró beneficios fiscales y “el trabajo de concreto vinculado a la mafia que hizo el hotel Gran Hyatt y los proyectos de las Torres Trump; escribió el frío contrato prenupcial antes del primero de los tres matrimonios” de Donald Trump.

De acuerdo con Politico.com, para cada una de esas cuestiones Cohn aportó sus conexiones, su estilo público y un mandato simple: “atacar siempre, nunca disculparse”.

Ciertamente Trump ya traía algo de ese estilo, al menos en parte, pero muchos creen que Cohn fue un ejemplo para él en la forma de comportarse públicamente, de atraer atención y beligerancia, desprecio por las cortesías y las formalidades, tanto como en la creencia del poder de la celebridad en la manipulación de la opinión pública.

Peor aún, el macartismo se basó en una fórmula de nacionalismo extremo: su progenitor, Joe McCarthy, era un populista de derecha que exaltaba el nacionalismo.

Hoy el espíritu de ese abogado macartista parece revivir en las ambiciones de Trump.

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