Una advertencia conocida y largamente ignorada

La vecindad geográfica y la relación socioeconómica obligan al gobierno mexicano a mantener buena relación con Estados Unidos.

Uno de los mayores problemas de México-nación es su dependencia de la relación económica de Estados Unidos.

Más de 70% del comercio exterior mexicano es con Estados Unidos y la relación económica es más que considerable. La integración social no es menor y, de hecho, obliga a los dos países.

No es que sean hechos desconocidos en ninguno de los dos países. Después de todo, ya hace décadas que se unen cada vez más tanto por la creciente integración económica como por un creciente entrelazamiento que vincula a familias y sociedades.

Es una fortaleza y una debilidad.

La crisis económica que hoy arrastra a buena parte de Latinoamérica es menor en México gracias a esa interrelación productiva y comercial.

Pero como dijo el analista George Friedman, fundador de la empresa de análisis Stratfor durante su conferencia en la reciente Convención Nacional Bancaria, es una debilidad porque la dependencia del comercio con Estados Unidos obliga a tratar de mantener una buena relación.

Cierto, hay al menos seis millones de empleos estadunidenses que dependen de su comercio con México, pero de este lado es igual, con la desventaja de que el tamaño de la economía mexicana es mucho menor que la estadunidense.

Cualquier gobierno mexicano debe pensar muy cuidadosamente en cómo desarrollar esa relación, pero el hecho también es que debería pensar al menos en la diversificación del comercio.

No es fácil: México ha buscado por décadas una forma de compensar la abrumadora presencia del país del norte sin lograrlo. Unas veces porque, como en el caso de los europeos del siglo XIX, sólo buscaban plantear sus propias pretensiones imperialistas y en el siglo XX estaban demasiado ocupados con sus propias broncas.

En 1990, el ahora muy criticado Carlos Salinas de Gortari trató de vincular económicamente a México con Europa Occidental y para ello viajó a Davos como parte de una gira por naciones europeas.

Pero no encontró solución: Europa Occidental estaba ocupada con el problema geopolítico y económico creado por el desplome de la “Cortina de Hierro”, la desaparición del bloque socialista y la reunificación alemana.

Tras el fracaso de ese intento, Salinas de Gortari abrió la puerta a las negociaciones con Estados Unidos que culminaron en el Tratado de Libre Comercio.

Asia tampoco ha sido la solución. Al menos hasta ahora.

Pero eso no quiere decir que México esté condenado. Cierto, con excepción de Estados Unidos, el resto del vecindario necesita más la ayuda y el apoyo mexicano que el que pueden ofrecer, sobre todo en lo económico.

Pero la absurda beligerancia del empresario Donald Trump, el ahora aspirante principal a la candidatura presidencial republicana, pone nueva urgencia a la necesidad de reducir la dependencia.

El problema es que si no se empieza algo y no se mantiene el esfuerzo, jamás va a ocurrir. La vecindad geográfica y la relación socioeconómica obligan al gobierno mexicano –a cualquiera, presente o futuro– a mantener buena relación con Estados Unidos.

Pero esa necesidad estará por siempre, a menos que uno de los dos países logre mudarse de posición geográfica y Estados Unidos se deshaga de los más de 30 millones de mexicanos o descendientes de mexicanos que viven ahí y que tienen familia en México.

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