Donald Trump y la opción política estadunidense
Un tercio del electorado republicano lo apoya gracias, en buena medida, “a que piensan que dice las cosas como son. Y no, no es así.”
Cuando en 1992 el racista neonazi David Duke buscó la gubernatura de Luisiana, el rechazo fue tal que los habitantes del estado prefirieron elegir a un conocido corrupto.
Los tiempos son otros y las dimensiones políticas distintas, pero la alternativa puede ser similar...
Donald Trump es “un mentiroso, un ignorante y una abominación moral”...
Y más todavía, “es difícil pensar de otro aspirante presidencial de un partido mayor tan ignorante, mendaz y ofensivo como Trump”.
La andanada no partió de un rival y tampoco de un mexicano, sino de una fuente tan insospechable como el profesor Max Boot, un historiador militar y especialista en temas de seguridad nacional estadunidense. Lejos, muy lejos de ser un izquierdista o estar siquiera cerca de ser liberal.
Lo malo, como reconoce el propio Boot, es que un tercio del electorado republicano lo apoya gracias, en buena medida, “a que piensan que dice las cosas como son. Y no, no es así. Lo que dice no tiene relación con la verdad fundamental o la decencia común”.
El respaldo a Trump se da en la derecha, no sólo republicana sino mas allá, como demostró la reciente declaración de apoyo por parte de David Duke (sí, el mismo de Luisiana) un notorio nacionalista blanco con vínculos con movimiento nazi y antiguo dirigente del Ku Klux Klan.
Ese respaldo es significativo en tanto que para muchos conservadores estadunidenses, Trump es lo peor que puede pasarle al Partido Republicano, al ponerlo en ruta de colisión con las minorías étnicas que en unos años constituirán la mayoría de la población estadunidense.
En términos de análisis político, la formulación de Trump reduce a los republicanos a apelar a una clase media blanca en descenso numérico.
Pero algunos analistas republicanos creen que lo que necesitan en realidad es movilizar a los votantes de extrema derecha, que son justamente buena parte de los que hoy vitorean al empresario neoyorquino.
El hecho en todo caso es que Trump parece en vías de apoderarse del Partido Republicano sin que él mismo parezca tener una ideología definida, y por más que el sector tradicional republicano y muchos académicos adviertan que será un desastre.
Cuando en 1992 David Duke buscó la gubernatura de Luisiana como candidato republicano, enfrentó al demócrata Edwin Edwards, con un largo historial de problemas por corruptela. La opción fue presentada entonces como una alternativa entre el nazi y el ratero. La mayoría optó por el ratero...
Y por cierto, Edwards terminó su mandato y luego fue condenado a prisión por corrupto.
