La elección de los descontentos...

En el mundo de hoy, y no sólo en EU, parecería que la negociación es mala palabra y que no hay mas vía que la de “los indignados”.

Si de alguna forma pudiera definirse la campaña electoral estadunidense hasta ahora, bien podría ser considerada como la expresión de los descontentos.

Es la única forma en que podría hablarse del respaldo recibido por Donald Trump y Ted Cruz entre los republicanos y Bernie Sanders en el lado demócrata.

Un recuento de David Gergen, el destacado politólogo de Harvard y analista de la cadena de televisión CNN, hizo notar que en Iowa tres de los cuatro candidatos con más impacto en el lado republicano juntaron 60% de los votos con base en campañas contra el aparato tradicional republicano y, de paso, el cuerpo político estadunidense.

Los presuntamente marginales Trump, Cruz y el neurocirujano retirado Ben Carson, ocuparon tres de los cuatro primeros puestos. Y no importa que uno sea un multimillonario que se ha beneficiado repetidamente de las facilidades ofrecidas por las leyes estadunidenses, el otro, un senador y exsecretario de Estado de Texas, y el tercero un famoso cirujano ya retirado que subió por su capacidad, pero arrancó gracias al apoyo de programas de ayuda gubernamental.

En el lado demócrata, el senador Sanders logró casi la mitad de los votos sobre la base de una “revolución”.

Pero a derecha e izquierda, los principales votantes de Trump y Sanders fueron jóvenes o personas que iban por primera vez a las asambleas electorales. En ambos casos los estímulos fueron emocionales.

Ciertamente no se puede ni se debe descartar la pasión como motivación política, pero el puro sentimiento —algo a lo que recurren populistas y tiranuelos— no es racional y puede ser negativo.

“El voto en Iowa fue un retrato de unos Estados Unidos al rojo vivo, tan desafectos que se volcaron hacia un evangélico republicano que llama por la demolición de un sistema saturado con corrupción. Y envió un duro mensaje a líderes demócratas de que no deseaban abandonar su resentimiento hacia Wall Street y los empresarios para coronar a una participante vitalicia del sistema que ha amasado millones gracias a discursos pagados ante los grandes bancos”, escribió Michael Barbaro en The New York Times.

En gran medida es una expresión de disgusto con la situación económica, pero también de desencanto y aun rechazo a los cambios que enfrenta Estados Unidos, no sólo en cuanto a la economía, sino en su sociedad.

Y eso sin contar el problema de la parálisis gubernamental que, de hecho, reina en el país, con un Congreso básicamente enfrentado con la Presidencia y tan dividido a lo largo de líneas partisanas que es inútil.

En términos reales, históricos, el sistema estadunidense funcionó y prosperó gracias a la negociación política entre sus partes.

Pero en el mundo de hoy, y no sólo en Estados Unidos, parecería que la negociación es mala palabra y que no hay mas vía que la de “los indignados”. El problema es que en Estados Unidos, en México y el mundo, los indignados de derecha no se llevan con los de izquierda y viceversa.

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