La campaña electoral de Estados Unidos y México

Los estadunidenses que se sienten más amenazados son la parte más inculta, más proclive al racismo y la xenofobia.

La que parece la más memorable campaña electoral estadunidense en los últimos años, se inicia de hecho hoy en medio de la tensión generada por expresiones de descontento con la marcha del país.

Y a querer o no, varios temas vinculados con México están en el ojo del huracán.

Mas allá de las sandeces del empresario Donald Trump, el hecho es que hay muchos estadunidenses preocupados por su economía –y México es uno de los principales socios comerciales de ese país–, por su trabajo –y muchos empleos industriales han salido de Estados Unidos hacia México–, cambios sociales –México es una de las principales fuentes de migrantes con y sin documentos–, seguridad –ante los aparentes problemas de control territorial en algunas partes del país– y cultura.

Cierto. Los estadunidenses que se sienten más amenazados son la parte más inculta, más proclive al racismo y la xenofobia, pero también la más económicamente desfavorecida de la sociedad.

Pero ese es el grupo al que se dirigen personajes como Trump y el senador Ted Cruz; aquél, un populista demagogo que promete resolver los problemas con su sola llegada a la Casa Blanca, y el otro un fanático que busca el apoyo de fanáticos.

La llegada de las elecciones primarias comenzará a brindar claridad en un proceso preelectoral dominado hasta ahora más por el ruido que por el sonido, más por el hígado que por el cerebro.

Y aunque según las normas tradicionales habrá varios vuelcos y los aspirantes que ahora ocupan el eje de la atención pueden verse marginados con rapidez, la posibilidad también es que estas elecciones salgan de toda regla.

La verdad es que Estados Unidos es hoy un país con miedo. Una población temerosa del futuro y de los cambios sociales y económicos por los que atraviesa su sociedad, tanto por la llegada de migrantes como por el drástico cambio en una economía que ya es postindustrial y no crece como antes; una nación preocupada por la posibilidad de terrorismo y que cree tener un país en crisis en la frontera y una sociedad en la que al menos un sector está insatisfecho de su gobierno.

Y si a eso se añade que se trata de una de las sociedades más paranoicas del planeta, el problema se complica, porque después de todo, se trata del país hegemón, el protagonista de los cambios y el factor a considerar en virtualmente todas las ecuaciones de poder internacional.

Ese es el ambiente en que se inicia formalmente la campaña electoral presidencial, y esa es la situación que deberá afrontar el gobierno mexicano.

No hay duda de que saben lo que hay. El embajador Miguel Basáñez conoce bien la sociedad estadunidense y sería de esperarse que, cuando menos, haya hecho ya algunas sugerencias de qué hacer.

Lo lógico y deseable sería que le hagan caso, pero...

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