Rubio, inexperto e irrespetuoso
El estado de “animación suspendida” del nombramiento de Roberta Jacobson se debe al disgusto personal de Rubio, un estadunidense de origen cubano, con la reanudación de relaciones entre EU y Cuba.
Hace siete meses que no hay embajador de Estados Unidos en México.
Ciertamente no es que sea total y categóricamente necesario. El negocio de todos los días ocurre, se realiza, se hace. La relación entre los dos países es demasiado grande y demasiado profunda para ser afectada en ese sentido.
Después de todo es una relación de interdependencia creciente, en la que ciertamente Estados Unidos es el principal socio comercial de México y este país es “apenas” el segundo o tercer socio comercial de aquél —de hecho bien podría afirmarse que el comercio con México puede ser más importante para Estados Unidos que el comercio con China o con Europa—.
Y sí, México es el país vecino y geopolíticamente importante.
Por lo menos es lo que se nos dice y lo que creemos o queremos creer.
Pero es una relación en la que hay otros componentes, menos tangibles pero quizá más importantes.
Uno de ellos se llama respeto. Y lo que está haciendo Estados Unidos —y muy en concreto el senador Marco Rubio, aspirante a la candidatura presidencial republicana, que por razones personales “congeló” la confirmación del nombramiento de Roberta Jacobson—, es una falta de respeto.
Jacobson, actual subsecretaria de Estado para Asuntos Interamericanos, es ampliamente considerada como la mejor conocedora de temas mexicanos en el gobierno de Estados Unidos. Su nombramiento no es ninguna broma y, al contrario, es un mensaje de interés.
De hecho, el estado de “animación suspendida” del nombramiento se debe al disgusto personal de Rubio, un estadunidense de origen cubano, con la reanudación de relaciones entre Estados Unidos y Cuba.
De acuerdo con el diario San Antonio Express News, “la vacante de un embajador en México representa una particularmente egregia falta de responsabilidad. Es el tercer mayor socio comercial de Estados Unidos y un país con el que esta nación tiene una larga frontera y algunos irritantes problemas por resolver”.
Y no es que William Duncan, el encargado de despacho, lo haga mal o haya hecho mal. Es un diplomático profesional y de alto nivel.
Pero en el factor respeto está integrado el valor político. Y es el valor político el que permite o facilita al menos muchas soluciones y comunicación. Puede significar poco para alguien que como Rubio prueba ahora ser relativamente inexperto, pero lo que hace efectivamente es expresar tanto su desdén por la relación política con México y los mexicanos como sus prioridades: sus posiciones personales por encima de sus obligaciones políticas.
Y eso, por cierto, no es de estadista.
Ciertamente el gobierno mexicano está maniatado por las normas diplomáticas y no puede intervenir en lo que es esencialmente una cuestión de política doméstica. Pero sí puede, y debe, expresar su desagrado por otras vías.
