Justin Trudeau, una nueva era en el gobierno canadiense

Una de las medidas de Trudeau sería la eliminación del requisito de visas a mexicanos impuesto por el expremier Stephen Harper.

La llegada de Justin Trudeau a la oficina del primer ministro de Canadá podría dar un nuevo impulso a las relaciones regionales o, al menos, restarles la animosidad introducida por Stephen Harper.

De acuerdo con algunos reportes privados, una de las medidas de Trudeau contemplada en ese sentido sería la eliminación del requisito de visas a mexicanos impuesto por Harper, presuntamente para acabar con el abuso de peticiones de asilo.

El abuso de peticiones fue auxiliado ciertamente por la forma en que muchos abogados presentaron su caso a posibles migrantes y tal vez la complacencia de éstos, pero la irritante forma en que Harper lo hizo no ayudó a nadie. Ni a su propia causa.

De hecho, una de las causas de la derrota de su partido —y de él mismo— tras casi diez años en el poder fue que los canadienses se hartaron de ese estilo, definido como desagradable, para no decirlo de otra forma.

Su estilo “enemistó amigos y energizó enemigos”, escribió recientemente Terry Milewski, analista político de la cadena de televisión CBC.

Cierto que el gobierno canadiense nunca estuvo particularmente convencido de la participación de México en la región norteamericana, pero los casi diez años de Harper en el poder y su estilo frecuentemente ayudaron efectivamente a enfriar cualesquier entusiasmo por iniciativas regionales.

Y si bien no se puede decir que el nuevo gobierno liberal sea favorable a los acuerdos internacionales de comercio, tampoco parece estar del todo en contra. De hecho, el nuevo jefe de gobierno ha declinado criticar la decisión de Harper de firmar el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica.

Ese acuerdo, creen algunos, alterará y modernizará al Tratado Norteamericano de Libre Comercio (TLCAN), sin afectar los intereses de México, según las seguridades expresadas por el secretario de Economía, Ildefonso Guajardo.

Pero igual que México, Canadá no podía darse el lujo de quedar al margen, y Trudeau parece entenderlo con claridad.

Y si bien hay quienes creen que la figura de Harper será revalorizada con el tiempo, para muchos canadienses, al igual que para no pocos funcionarios en los gobiernos de Estados Unidos y México, tardó demasiado en irse.

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