La elección de Estados Unidos puede ser distinta a lo esperado

Hoy se cree posible que Hillary Clinton y Jeb Bush no sean el portaestandarte de su partido en noviembre de 2016.

Hace apenas tres meses se esperaba que la elección presidencial estadunidense de 2016 fuera una competencia entre dos “dinastías”: la representada por el republicano John Ellis (Jeb) Bush, hijo y hermano de dos expresidentes, y la abanderada por Hillary Rodham Clinton, esposa de un expresidente.

Hoy se cree posible que ninguno de ellos sea el portaestandarte de su partido en noviembre de 2016.

En el lado republicano la campaña de Jeb Bush parece estancada, aunque es importante recordar que enfrenta una difícil audiencia, compuesta en esta fase por militantes de derecha enojados con los políticos tradicionales.

Esa cólera se refleja en los aspirantes no-políticos, que actualmente encabezan las encuestas republicanas: Donald Trump, Ben Carson y Carly Fiorina.

De entre ellos, el multimillonario Trump es el que ha creado más ruido, gracias a su estilo personal, su experiencia en medios y a tener la “personalidad” más escandalosa.

Pero pocos creen que sobreviva a la fase de “primarias”, a partir de enero, donde cuentan la organización y la experiencia.

Así, “Donald Trump no será el candidato presidencial republicano”, afirmó categóricamente Larry Rubin, presidente de la American Society (Sociedad Estadunidense) de México.

La declaración es mucho más una expresión de frustración. Rubin se hizo eco de una sensación creciente en Estados Unidos y especialmente en el aparato tradicional republicano.

“La política se hace sumando y Trump ha alejado a (muchos) grupos”, comentó Rubin en una conversación en el programa Análisis Global de Excélsior Televisión.

Trump inició su campaña con ataques contra latinos en general y mexicanos en particular. El resultado: 67% de los hispanos tienen una visión “muy negativa” de Trump y 5% más “solamente” negativa. Esa opinión tiene impacto, también, en la imagen del Partido Republicano. Y los latinos son una audiencia crítica para el futuro de ese partido.

Y si a eso se agregan ofensas a grupos de homosexuales —lo que en alguna medida incluye a sus familias—, a sectores de los veteranos de guerra (que son especialmente respetados en Estados Unidos) y no menos importantes, a mujeres. Paralelamente, han crecido la popularidad de Carson y Fiorina.

En el lado demócrata, el senador socialista Bernard Sanders parece disputar la candidatura demócrata, aunque al final probablemente no sea así. El calificativo “socialista” tiene todavía connotaciones negativas en gran parte de Estados Unidos.

El mundo político estadunidense espera hoy lo que decida el vicepresidente Joe Biden, visto de repente como una alternativa viable a los problemas de imagen de Rodham Clinton, que parece enfrentar el tormento de la muerte por cortes de papel.

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