El patriotismo no pertenece al gobierno ni a la oposición

Se trata de ir mas allá y, si el problema es corrupción e impunidad, buscar la creación de mecanismos para enfrentar una y resolver la otra.

El complejo nacional de inferioridad se manifestó el pasado 15 de septiembre de una manera insólita: intentos de silenciar e, incluso, boicotear activamente los festejos del Grito de la Independencia.

Cierto que el país parece enfermo y que muchos mexicanos están en desacuerdo con el gobierno, desde la derecha o desde la izquierda, en lo político; y por problemas vinculados con derechos humanos, legalidad, insatisfacción económica, educación y una miríada de otros problemas.

Está bien y es importante, positivo, que las carencias del país y su sistema político sean sometidos a discusión y debate.

Pero la fiesta de Independencia pertenece a todos, no sólo al gobierno en el poder, a las elites –las que se quejan y las que celebran— o a los sectores populares afectados o beneficiados por los errores de gobiernos pasados y presentes.

Pero las fiestas nacionales no son propiedad del gobierno sino del Estado, entendido como la suma de todos y cada uno de los componentes de la sociedad en que vivimos.

Se puede ser izquierdista o derechista y ser patriota; se puede ser gobiernista o de oposición y ser patriota. De otra forma no habría nación del mundo en capacidad de celebrar.

Las historias antiguas y recientes de Estados Unidos, Alemania, Francia, China, Japón, España, Gran Bretaña o el país que se quiera nombrar —excepto tal vez Islandia— están llenas de incidentes vegonzosos y aún hoy, con excepción de unas cuantas naciones, el tema de distribución de la riqueza no está para celebrarse.

La Guerra de Vietnam o el escándalo de Watergate, la fraudulenta guerra en Irak o la crisis de 2008 no impidieron las celebraciones del 4 de Julio en Estados Unidos; la responsabilidad de ingleses y franceses por los desastres que hoy ocurren en Oriente Medio y África no le quitan fervor al Día de la Bastilla o al Día de la Reina, y alemanes y japoneses han trabajado mucho, y duro, por sobreponerse a las barbaridades cometidas durante la Segunda Guerra Mundial.

El hecho de que estén o hayan estado y hecho mal no es disculpa para la situación de México. El punto es que las poblaciones de esos países están orgullosas de lo que son y lo que han hecho, al margen de lo que sientan respecto a partes de su pasado y su presente.

Y eso es lo importante: tratar de ver lo que se ha hecho mal y corregirlo, no quedarse en los like o dislike; se trata de ir mas allá y, si el problema es corrupción e impunidad, buscar la creación de mecanismos para enfrentar una y resolver la otra.

Cierto: hay problemas que como ese son generacionales y tomarán años para ser resueltos; nadie los va a componer con una varita mágica. Pero si no se comienza hoy jamás habrá solución.

Hay problemas complicados por otras razones: por ejemplo, la economía mundial puede no ayudar a recuperaciones económicas aisladas o los problemas de cambio climático no pueden ser resueltos por un sólo gobierno. Y tampoco serán solucionados por promesas.

Pero hay otros que sí están en las posibilidades de ser enfrentados y es ahí donde hay que dirigirse.

Y, ¿por qué no?, celebrar los días patrios. El patriotismo no depende del gobierno en turno ni de la selección nacional de ningún deporte.

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