Agosto, Loch Ness, el Yeti y Donald Trump...

Es visto por lo pronto como el elemento más perturbador que haya surgido en la política de ese país en los últimos años.

En épocas idas, los meses de verano, especialmente agosto, eran cuando los medios estadunidenses buscaban tesoros perdidos, al monstruo de Loch Ness, en Escocia, al Yeti en el Himalaya o a Pie Grande en el noreste de su país.

Era el tiempo de los escándalos políticos jugosos, formidables, perseguibles y entretenidos que terminaban tan pronto se reanudaban las actividades políticas en el Congreso.

En agosto de 2015, el sabor del mes es el empresario Donald Trump, visto por lo pronto como el elemento más perturbador que haya surgido en la política de ese país en los últimos años.

Puede ser. Por lo menos desde agosto de 2011, cuando las vacaciones de verano dejaban muy poco que escribir y hacer y la entonces menos que incipiente carrera por la nominación presidencial republicana no sólo era la única diversión a mano, sino parecía una campaña abierta.

Pero a final de cuentas no lo fue. Como no lo es la actual.

Cierto, Donald Trump ha tenido un serio impacto. Hasta ahora. De hecho, puso sobre la mesa el tema de los inmigrantes indocumentados y creó un enorme escándalo. Lo bueno para él es que entre los republicanos hay personas dispuestas a escucharlo. Lo malo para él es que muchos de su partido, antiinmigrantes como él, saben que sus propuestas son por lo menos ilusorias. Peor aún, son cada vez más un peso alrededor del cuello de los republicanos.

De acuerdo con el destacado analista estadunidense Bill Schneider, Donald Trump es el líder de una revuelta contra el “establecimiento” por parte de un sector estadunidense opuesto a lo que llama “el nuevo Estados Unidos”; esto es la coalición de minorías étnicas, gays y mujeres que llegó al poder con la elección de Barack Obama y son una creciente mayoría en el país.

Pero la realidad es que el Partido Republicano no siente ningún agradecimiento por Trump y difícilmente lo elegirá como su candidato.

Entre otras razones porque esta es la temporada de los entusiastas. A partir de enero es la de los profesionales, los que quieren ganar la elección, no sólo expresar su disgusto.

Y para los republicanos, ganar la elección pasa por establecer una buena aproximación con los votantes latinos. Sin ellos, sus posibilidades de ganar la Casa Blanca en noviembre de 2016 se reducen a un mínimo. Y tal vez ni eso.

Cierto que nada hay imposible, teóricamente al menos. Pero también hay improbables, y si una victoria electoral de Trump no es imposible, sí es improbable: tiene en su contra al aparato político y los moderados de su partido, y de paso también a una coalición demócrata reforzada por su propia retórica de odio.

Alguien lo comparó con un cartucho de dinamita lanzado a un estanque. Tiene por demás la riqueza y el ego necesarios para mantenerse en la campaña por largo tiempo, pero lo cierto es que los mayores perjudicados pueden ser los republicanos.

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