La política estadunidense no importa hasta que importa
Esa cacofonía de voces tiene como efecto final colocar al Partido Republicano mucho más a la derecha que en cualquier momento de su historia moderna, aun si el candidato resultara ser un moderado.
Con 19 aspirantes a la candidatura presidencial del Partido Republicano, el actual inicio de la temporada electoral estadunidense parecería en lo inmediato un ejercicio de futilidad.
¿A quién le importa lo que diga o haga uno de esos presuntos candidatos? Cierto, ese podría ser el sentimiento más realista respecto a un grupo que en su mayoría no tiene mayor oportunidad de llegar a algo y probablemente se desvanecerá en el olvido antes de que termine enero de 2016, al comienzo de las “primarias” (elecciones internas) reales.
De hecho, los aspirantes que deben tomarse “en serio” apenas pasan de diez: Jeb Bush, Rand Paul, Marco Rubio, Ted Cruz, Carly Fiorina, Mike Huckabee, Chris Christie, John Kasich, Bobby Jindal...
Tal vez sea cierto que no importa lo que digan o hagan en este momento, y menos un paquete de aspirantes sin posibilidades.
Bien podría decirse que al gran público, especialmente al que no es estadunidense, sólo interesa el resultado final.
Pero al mismo tiempo, tal vez sea importante recordar el hecho de que todos y cada uno de ellos represente diversas facetas de la derecha estadunidense, de la más dura a los sectores más moderados, de aquella que se centra únicamente en lo económico a la que desea mantener a Estados Unidos como una sociedad cristiana, blanca y anglosajona, de la abiertamente religiosa a la militarista.
La verdad es que esa cacofonía de voces tiene como efecto final colocar al Partido Republicano mucho más a la derecha que en cualquier momento de su historia moderna, aun si el candidato presidencial resultara ser un moderado como John Ellis Jeb Bush, hijo y hermano de presidentes y criticado ahora como parte de una dinastía.
Ahora bien, si el candidato final fuera uno de los aspirantes abiertamente derechistas, como los senadores Rubio o Cruz, por ejemplo, el impacto que eso tendría en el debate público y la vida política estadunidense sería significativo.
Y si alguno de ellos llegase a ser Presidente de Estados Unidos su impacto social, político y económico podría ser enorme, no sólo sobre su país, sino sobre el resto del mundo –en especial México por vecindad e integración socio-económica–.
Cierto. ¿A quién le importa?
Hace 22 años, cuando el entonces presidente George H. W. Bush (padre) emergía victorioso de la primera Guerra del Golfo y con una popularidad de casi 80 por ciento, los principales políticos demócratas decidieron que no tenían oportunidad.
Quedaron en cambio los candidatos de segunda fila, prontamente definidos como “los siete enanos”.
Uno de ellos se llama Bill Clinton.
