Estados Unidos y Cuba: una nueva realidad
Un reacercamiento tras más de 50 años de acrimonia no es fácil, y menos cuando ninguno renunció a sus posiciones.
La VII Reunión Cumbre de las Américas bien podría haber sido denominada también como “el show de Barack y Raúl”.
Quienesquiera que estuvieran y lo que sea que dijeran, la atención estaba sobre los presidentes de Estados Unidos, Barack Obama, y Raúl Castro, de Cuba.
Un reacercamiento tras más de 50 años de acrimonia no es fácil, y menos cuando ninguno de los dos renunció a sus posiciones fundamentales.
Pero la realidad se impone. Si Estados Unidos ya no es el abrumador hegemón de finales del siglo XX y gastó prestigio y recursos en una guerra cuestionable, Cuba aparece como el último reducto de un sistema que, para sobrevivir, debe abrirse a la globalización.
La situación no es fácil para ninguno de los dos. Obama enfrenta una oposición interna determinada a negarle cualquier triunfo.
Castro, por su parte, parece enfrentar la renuencia de un sector que bien podría calificarse como histórico del aparato cubano. Si eso incluye o no a su hermano Fidel, que tendría una opinión definitiva, no se sabe aún.
Lo que sí se sabe es que para el presidente Castro no es una situación fácil, aunque no imposible, ni a la que llegó a ciegas o por accidente.
La decisión de “acordar en que están en desacuerdo” es una fórmula que les permite ir adelante por encima de detalles.
Esa fórmula no será satisfactoria para los elementos más duros en los dos países y seguramente encontrará una oposición determinada. Pero Estados Unidos tiene desacuerdos profundos con Rusia y China, Cuba sostiene relaciones con muchos países de posturas ideológicas diferentes.
Pero el “estar de acuerdo en que están en desacuerdo” es un principio pragmático de la diplomacia. El todo o nada no funciona.
