¿Tenemos política exterior?
La Doctrina Estrada funcionó en un mundo bipolar, en el que las comunicaciones eran relativamente lentas.
Una importante, interesante, intensa, formidable, extraordinaria reunión sobre el lugar de México en el mundo ocurrió la semana pasada.
Organizado por el Senado, el encuentro duró varios días y puede elogiarse como importante. Pero algunos creemos que se quedó corto.
No se trata de cuestionar la calidad de las participaciones, a favor o en contra de las ideas de política exterior y de la situación del país en el mundo. Son ciertamente respetables todas, alguna mejor expuesta que la otra. Todas bien intencionadas. ¿Que el país perdió poder relativo? ¿Influencia? ¿Que debe buscar más horizontes?, ¿o mejorar la relación con Estados Unidos?
La verdad, sin embargo, es que no pareció haber ideas originales, y si las hubo no se reflejaron en los reportes sobre el encuentro.
Queda, por ejemplo, el exhorto del senador Miguel Barbosa: “Hay que buscar relaciones en todo el mundo y de manera privilegiada a América Latina, hacer desde el Estado mexicano una política exterior de liderazgo moral, cultural, de beneficio comercial y económico, pero sobre todo recoger de otra época el papel tan importante que jugamos en los escenarios de la diplomacia del mundo”.
Suena bien. Tiene buen eco. Parece que quiere decir algo, pero como que no propone cómo hacerlo...
Y ése es realmente el problema. Hay buenas intenciones, hay buenas propuestas, pero no hay acuerdos. No se sabe cuál sea la política exterior y menos la doctrina de seguridad nacional.
¿Debemos hacernos latinoamericanos y abandonar nuestros vínculos con Estados Unidos? ¿O combinarlos? ¿Debemos movernos por nuestros intereses nacionales o por nuestras querencias ideológicas? ¿Por nuestros sueños o por nuestra cartera?
Claro que cada pregunta plantea otras. Pero el hecho es que no hay marcos de referencia. Y la reunión Senado-Secretaría de Relaciones Exteriores no los propuso.
Ésa es la tarea que deben, debieran, acometer gobierno y Congreso.
Para los nostálgicos es obvio que la tuvimos. La Doctrina Estrada funcionó en un mundo bipolar, en el que las comunicaciones eran relativamente lentas.
Cierto. Tal vez en un mundo como el actual lo correcto sea actuar en consideración a los requerimientos del momento, sean intereses generales o específicos y de acuerdo con las circunstancias.
Sí, está bien que el canciller José Antonio Meade viaje de un lado a otro, como dicen, para recuperar espacios y mostrar la bandera. No se cuestiona su labor.
Pero, ¿será suficiente?
