Papa caliente

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José Cárdenas 22/01/2014 04:12
Papa caliente

“En el siglo XXI, Michoacán sigue atorado en el siglo XIX (…) la legitimidad democrática está amenazada (…) la violencia se desliza hacia un estilo de vida que el poder contempla con impotencia”, acusa el jurista Diego Valadés.

El panorama de Michoacán en las últimas semanas ha sido de una franca tendencia a la beligerancia desatada entre dos grupos “ciudadanos”. Dos colectivos de personas, delincuentes unos, contra delincuentes otros, cuyas diferencias se comenzaron a dirimir a balazos, secuestrando la ley y el orden.

Dicho de manera más llana, Michoacán es una papa caliente… que quema. Un estado con los cimientos erosionados.

La movilización de fuerzas federales “parece” haber contenido la violencia en 27 municipios de Tierra Caliente y haber evitado el estallamiento de una guerra civil… tras la cual suele agazaparse la muerte, segunda consecuencia de cualquier conflicto armado.

La primera es la huida, la fuga masiva, el éxodo de personas expulsadas de las zonas en conflicto.

Es cierto. Para los michoacanos el fracaso democrático y económico ha devenido en tradición. Año con año, miles y miles tiran para el norte en busca de la felicidad negada por su propia tierra. Los más, pasan de mojados, otros, suplican por asilo político… aunque obtenerlo equivalga a sacarse la lotería.

Junto a Zacatecas, Michoacán ocupa el liderazgo nacional en expulsión de migrantes. Tres millones viven en Estados Unidos; tan sólo el año pasado, las remesas enviadas por ellos superaron los dos mil 100 millones de dólares; una de cada diez familias depende de esos envíos…

Pero todo cambia. Quienes se arriesgaban a la aventura del “sueño americano” ahora huyen de la pesadilla de la violencia. Familias enteras abandonan todo, indefensas. No importa cómo, no importa a dónde, con tal de salir del infierno en que se han convertido municipios como Apatzingán y Parácuaro, poblaciones como Aquila, La Ruana —sobre todo—, Nueva Italia y Buenavista Tomatlán… las localidades más golpeadas por la lucha entre grupos de autodefensa —vengadores tolerados— y Caballeros Templarios —expresión de la decadencia criminal—. La magnitud del conflicto ha aumentado en un año, tanto como el sufrimiento de quienes han sido rehenes de la extorsión y la incapacidad institucional para frenarla… y no aguantan más.

A estas alturas de la crisis, muchos michoacanos voltean hacia Colima; algunos a Jalisco… y los menos al Estado de México, Guerrero, Guanajuato o el Distrito Federal. El miedo y el hartazgo empujan a las víctimas de la violencia a la fuga.

La riada humana alerta a estados vecinos, donde los gobernantes tiemblan ante la llegada de nuevos inquilinos. Por ejemplo, Colima. Si bien el gobernador Mario Anguiano ofrece ayuda temporal, advierte que ni Tecomán ni Armería ni Manzanillo tienen capacidad de recibir a nadie… y quienes lleguen estarán condenados a la pobreza miserable.

También La Universidad de Guadalajara (UdeG) enfrenta los estragos de la crisis michoacana, como el incremento de 30% en la demanda de mayor matrícula.

Los daños colaterales del conflicto michoacano, abruman.

En alto contraste, agregue usted a un puñado de michoacanos dispuesto a regresar a la guerra. A atizar el fuego. Son pandilleros de California, mecánicos de Texas, recolectores de manzana de Washington, quienes vuelven —según The Washington Post— para pescar en río revuelto…

                Twitter: @JoseCardenas1

                www.josecardenas.com.mx

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