Color de hormiga

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José Cárdenas 13/01/2014 01:42
Color de hormiga

Así están las cosas en Michoacán, donde el caos del Estado fallido aviva las llamas del infierno.

La población opuesta a la presencia de grupos de autodefensa ha quemado 12 vehículos y causado daños a siete tiendas y un Palacio Municipal (Apatzingán) en la última semana.

Estas acciones delictivas han provocado la movilización del Ejército y mil 500 elementos de la Policía Federal Preventiva. Pero las autodefensas retan a las fuerza federales y estatales… y se expanden; este domingo grupos armados tomaron la localidad de Nueva Italia, en el municipio de Múgica. 

En respuesta, la PFP cerró la autopista Siglo 21 en el tramo Cuatro Caminos-Lázaro Cárdenas para evitar más avances… y más violencia.

Ningún vehículo puede transitar por Tierra Caliente… menos los autobuses de pasajeros; las “corridas” hacia Apatzingán, Buenavista, Tepalcatepec, Parácuaro y Coalcomán están suspendidas y no se reanudarán hasta que existan garantías de seguridad. “El problema es que ya no sabe uno quiénes son los que toman autobuses, antes sabíamos que era la delincuencia organizada, luego los policías comunitarios, ahora es la gente del pueblo quien nos despoja de las unidades”, acusa Arcadio Méndez Hurtado, de la Cámara Nacional del Autotransporte de Pasaje y Turismo.

El presidente de la CNDH, Raúl Plascencia, considera que el clima de violencia en Michoacán —como en Guerrero— “es producto del abandono en el ejercicio de las funciones de los gobiernos estatal y municipales para proteger a los ciudadanos”. En pocas palabras, el vacío de poder deviene en la anarquía…

Y Washington le mete ruido al chicharrón; emite una alerta sobre el riesgo de viajar a Michoacán
—y Guerrero— y recomienda a sus ciudadanos —en todo caso– hacerlo en avión para evitar las carreteras.

Desde su trinchera moreliana, el gobernador Fausto Vallejo, tiembla; alza la voz: “Vamos por ellos”; promete aplicar mano firme y emplear todos los recursos necesarios contra los delincuentes. Este lunes habrá anuncios importantes para determinar acciones efectivas en busca de solución.

El llamado de Vallejo a las fuerzas federales suena desesperado, ante la incapacidad e insuficiencia de los cuerpos de seguridad bajo su mando.

La Secretaría de Gobernación insiste en la promesa de recuperar paz y tranquilidad en Michoacán; la PFP despliega a sus mejores hombres en cifras abundantes; las fuerzas sociales alían en pactos de resultados magros… y las guardias y grupos comunitarios proliferan y se trenzan en lucha contra las organizaciones delictivas sin posibilidad real de distinguir entre buenos, malos y peores. El caos michoacano es confuso y complejo. El hecho real es la progresiva degradación de las condiciones de la vida de los michoacanos: gobiernos interrumpidos, interinatos inservibles, pérdida de control en los municipios y una insuficiente intervención federal. 

Aun así, la obligación es persistir en la vía política, la inteligencia y la firmeza institucional, para solucionar el conflicto. La vía militarizada ya probó su ineficacia desde hace más de seis años.

Si a grandes males hacen falta grandes remedios, vale preguntar:

¿Quién va encabezar esos esfuerzos institucionales, si los gobiernos federal y estatal —no se diga los municipales— han sido rebasados desde hace mucho tiempo. ¿Quién, cuando todos han fallado?

                josecardenas.com.mx

                Twitter@JoseCardenas1 

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